Me ha sido imposible evitar escribir estas líneas después de leer en El Mundo, una noticia que obliga a ponerme en guardia.
Operadoras y entidades de autor habrían propuesto al Ministerio de Industria la creación de un súper-portal de contenidos digitales que ofrecería descargas a precios muy asequibles, así como la recomendación de desconectar páginas web que ofrecen contenidos ilegales, y que estas organizaciones cifran en unas 70. También sugieren la desconexión de algunos usuarios, los más “activos”, en el intercambio de este tipo de archivos y que indican podrían llegar a ser entre 5.000 y 60.000.
Este tipo de propuestas, preocupantes desde el punto de vista de la privacidad de los usuarios, invita a preguntarse ciertas cuestiones ¿Cómo determinarán si te estás bajando un archivo ilegal? ¿Supervisarán todo el tráfico o solo ciertas conexiones? ¿Sabrán que páginas visito y qué tipo de contenidos descargo o envío? ¿Cuál es la información que manejan operadoras y entidades de autor para determinar que existen entre 5.000 y 60.000 usuarios activos en España que distribuyen y descargan archivos de contenido ilegal?
Llegados a este punto, si esta es una medida finalmente efectiva contra la piratería y consiguen alcanzar un modelo de negocio rentable y sostenible, ¿Seguirán percibiendo el canon?
Cabe destacar, que la Unión Europea ha tomado decisiones drásticas frente a posturas monopolísticas o de competencia desleal por parte de empresas o sectores (como el agrícola) que, premiados por subvenciones públicas, lograban colocar sus productos en el mercado a precios más competitivos. ¿Será este uno de esos casos? ¿Qué opinan de esto otras empresas del sector?
Al parecer, las entidades de gestión quieren no sólo erradicar la piratería, sino eliminar la intermediación y recuperar un canal de venta al que han llegado tarde y mal, Internet. Cada vez más, da la sensación que se han dado cuenta de las bondades de este medio y por lo tanto, son conscientes del volumen de negocio que ofrece la red. Son reacios, sin embargo, a dejar de lado los ingresos que ofrece el importante mordisco del canon.
Decía Enrique Dans, hace ahora algunos meses, en una entrevista al periódico la Razón, que hablar de propiedad en la música, es algo complejo y abstracto. Ciertamente lo es, se puede hablar de propiedad en la música en lo que refiere a su comercialización, pero no de la música en sí, sino en su contenido.
Quizás la industria se ha dado ya cuenta de esta realidad, y por lo tanto, esté tomando medidas al respecto, aunque sea apelando al Ministerio del amor.
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