
Ayer mientras revisaba un blog me enteré del enésimo lanzamiento de una nueva red social. Se está convirtiendo en el pan de cada día. ¿Hasta cuándo más redes sociales? En los últimos años han nacido (y muerto; o al menos permanecen en estado vegetativo) un montón de redes sociales y personalmente opino que no hay sitio para todas. Estoy convencido de que hasta el mismísimo Aristóteles, que definió al hombre como un animal social, pensaría que somos unos exagerados.
Sin embargo, me sorprende enormemente comprobar que la gran mayoría de estos nuevos servicios sociales no aportan nada nuevo, nada diferente. O mejor dicho, nada especialmente reseñable. Básicamente ofrecen lo que ya encuentras en los ya existentes (resulta evidente que hay honrosas excepciones). Mi duda entonces es la siguiente: tal y como se está poniendo internet, ¿Cómo esperan triunfar? ¿Por la gracia de Dios? ¿En qué basan su estrategia de penetración? ¿Cómo tienen pensado obtener el retorno de la inversión? Obviamente, no parece que pretendan sustentar su crecimiento mediante el robo de usuarios de otros servicios competidores. Para ello es necesario que el usuario perciba que el nuevo servicio le ofrece algo mejor, algo distinto, algo que le motive a cambiar. Y este escenario no se da en la mayoría de los casos.
Tras darle varias vueltas, sospecho que muchos empresarios e inversores que se embarcan en estos nuevos proyectos se dejan arrastrar por la corriente y depositan demasiada confianza en el “efecto moda” que ha conllevado el surgimiento y vertiginosa difusión de algunos servicios sociales, que les ha llevado a intuir que cualquier proyecto de red social más o menos potable es “fácilmente” aceptado por el público y ofrece altas probabilidades de éxito (no confundir con rentabilidad). Quizás lo que no se han parado a pensar (o no han querido) es que proyectos como facebook, twitter o linkedin están triunfando porque son muy buenos, están muy bien conceptuados y han sabido leer el “mercado” y cubrir una necesidad latente de una forma amigable y entretenida (por decirlo de una forma pseudo-académica). No pretendo entrar en el debate de si esa necesidad existe o es provocada. La cuestión es que han sabido cómo satisfacerla y la comunidad les ha premiado con su respaldo.
Pues bien, basado en lo dicho previamente, si descartamos la estrategia del robo de usuarios a la competencia, las únicas teorías que se me ocurren para que estas nuevas redes sociales alcancen su masa crítica y se conviertan en proyectos más o menos exitosos son las que os comento a continuación:
Teoría del “coleccionista de redes”. Según esta teoría los usuarios son fanáticos de las redes sociales y no dudarán en aceptar y utilizar nuevos servicios (el límite lo dejo a vuestra imaginación). Esta teoría infravalora la relevancia del factor “comodidad”. ¿Os imagináis saliendo a la calle con siete móviles? Pues yo no me imagino utilizando siete servicios sociales distintos. Sería incómodo e ineficiente y me supondría una gran pérdida de tiempo. Creo que la tendencia es más bien la contraria, a simplificar las cosas y a agrupar todos los servicios y aplicaciones en un único espacio (en este aspecto Google Wave puede suponer una auténtica revolución).
Teoría de “los panes y los peces”. Según esta teoría el “pastel” es muy grande y siempre habrá un hueco para un nuevo servicio social. Tampoco me parece mucho más esperanzadora. El problema radica en que estamos hablando de servicios sociales, es decir, servicios que se emplean para, de una u otra forma, interrelacionarte con tu entorno social. Y por tanto, un usuario típico de una red social tiende a participar únicamente de aquellos servicios en donde ser mueve su entorno. No es tan fácil convencer a la gente para que utilice o deje de utilizar un determinado servicio porque no se trata de una decisión unilateral, se trata de una” decisión social”, de la que en muchos casos no alcanzas apenas ni a participar.
Ante el actual panorama, únicamente concibo dos opciones de éxito: o el servicio social en cuestión ofrece algún servicio nuevo (para ello quizás previamente haya que recurrir a la imaginación e “inventarse” alguna necesidad nueva) o se especializa en un determinado nicho de mercado (geográfico, social, temático, profesional, … ) en el que consiga convertirse en líder. Claro que esto resulta muy fácil decirlo y extremadamente complicado ponerlo en práctica. Esa es una de las razones de que no sea rico
Espero que los nuevos proyectos de redes sociales que están por venir no subestimen la enorme exigencia que actualmente demanda el mercado y actúen en consecuencia.
Hay rumores de que las funerarias ya están pensando en añadir una nueva división de negocio: los cementerios de redes sociales. Aviso para navegantes.
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