Frente a las descargas tan solo existe un remedio, el streaming, una modalidad por la que las entidades de gestión sienten cierta simpatía y con la que ven la posibilidad de distribuir sus obras sin peligro de ver mermados sus ingresos. Y lo que es más importante, sin perder el control.
Nada escapa hoy en día a este fenómeno, el cual, entiendo, se encuentra en una fase de desarrollo muy temprana, pero del que ya estamos viendo algunos proyectos interesantes.
En mi caso, vengo utilizando diariamente servicios como los de Zattoo (y es que no tengo prácticamente tiempo de sentarme frente al televisor de casa ), y por el que apenas pago 2,40€ / mensuales vía sms. Escucho música y comparto mis listas de distribución desde Spotify, de vez en cuando recibo algún que otro video divertido que algún incauto colgó en Youtube. Y cuando por culpa de algún viaje, no puedo seguir algún evento deportivo interesante, consulto en Roja Directa qué canales de Justin.tv o Ustream ofrecen la retransmisión. Si no lo consigo, siempre me queda Radio Beta, donde localizo rápidamente la emisora de mi localidad, aunque me encuentre en Portugal.
La facilidad de uso de estos servicios, algunos de ellos de pago, me permiten que siga conectado al mundo exterior, y que en cierta medida, pueda seguir viendo la televisión, escuchar música, o seguir la radio. Eso sí, no a través de los electrodomésticos convencionales.
Hace apenas unas semanas, la BBC daba a conocer los resultados de un experimento en el que se daba a probar un Walkman a un joven de la llamada Generacion Ipod, y los resultados fueron de lo más curiosos. Me pregunto si dentro de 50 años, repetiremos el experimento del Walkman, aunque esta vez, con una televisión, una cadena musical o incluso con un libro, ya que Spotify anuncio en su blog que acaban de incorporar el primer libro narrado, en este caso, un libro de Chris Anderson (colaborador de Wired). Eso sí, el audio-libro tan solo está disponible en inglés y en Inglaterra.
Aparte de cábalas sin sentido y de otras profecías más o menos “aventureras”, el streaming ciertamente puede convertirse en la solución, en el cáliz que SGAE, PROMUSICAE y la industria del cine andan buscando. Eso sí, puede que para entonces tengan que usar tecnología P2P, esa que hoy tanto demonizan.
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