Ayer me enteré de que Boyd Morrison ha llegado a un acuerdo con la editorial Simon & Schuster para la publicación de dos de sus últimos libros. Probablemente no hayas nunca oído si quiera mencionar el nombre de este autor, y esta noticia no tendría mayor importancia si no fuera porque Boyd Morrison es un escritor que curiosamente se ha dado a conocer a través de internet.
Como tantos otros escritores noveles, el señor Morrison vio como la industria editorial le iba cerrando puerta tras puerta, y fue entonces cuando ante la falta de oportunidades decidió dar el paso y convertirse en su propio editor. Empezó a distribuir copias digitales de sus novelas (eBooks) a través de su página web y de esta forma llegó a adquirir cierto prestigio y notoriedad, lo que finalmente le ha llevado a cerrar su primer trato con un grupo editorial para la publicación en 2010 de dos de sus obras: “The Ark” y la segunda entrega de la saga de la aventurera Tyler Locke.
Manda decir que éste es un caso totalmente atípico, ya que la enorme mayoría de los escritores que autopublican sus libros no suelen obtener un gran rendimiento por ello, en parte también porque generalmente se trata de autores desconocidos y con una audiencia muy reducida. Si ya resulta complicado para estos escritores obtener unos beneficios razonables por su labor de autocomercialización, no digamos el llegar a ver alguno de sus libros publicados (en papel). Esta es la razón de que el caso de Boyd Morrison sea noticia; si se tratara de algo corriente seguramente no estaríamos hablando del tema.
La pregunta que me ha surgido tras leer la noticia es la siguiente: ¿Qué pasaría si escritores de la fama de Stephen King o J.K Rowling decidieran crear su propio canal de distribución online? ¿Cuántos beneficios les podría reportar la venta de sus eBooks?
Estamos tomando en consideración autores de gran prestigio, con un brillante historial comercial a sus espaldas y con una amplia audiencia, gran parte de la cual ha desarrollado un elevado grado de fidelidad a sus obras (sirvan de ejemplo las aventuras de Harry Potter). Parece lógico pensar pues, que la venta de sus eBooks sea un excelente negocio. Entonces, ¿Cuál es el problema?
Entiendo que en primer lugar existe una barrera legal. Los grupos editoriales dueños de los derechos de publicación de sus libros no permitirán fácilmente que sus propios clientes les hagan la competencia, ni aunque sea en un formato distinto al papel. Más bien me inclino a pensar que son conscientes de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías y pretenderán participar en el reparto del pastel. Todo esto reduce la cuestión a una renegociación de los derechos de publicación entre editorial y autor. Sin embargo, en el caso de los autores que hemos puesto como ejemplo, podemos presuponer que su poder de negociación es cuanto menos, elevado. Sus novelas son sinónimo de éxito comercial y financiero; prácticamente eliminan el factor riesgo de la inversión, y eso actualmente no tiene precio.
Por otro lado, parece obvio que a nivel puramente comercial, la coexistencia de la venta tradicional y la del eBook resulta perfectamente plausible, no provoca conflicto alguno de intereses. De hecho, creo que al menos hoy en día, el perfil del lector de un libro y el de un eBook es bastante diferente, incluso en muchos casos opuesto (aunque también es cierto que esto podría variar muy rápidamente). Dicho de otro modo, el mercado del libro y el del eBook, tienen muy pocos nexos en común. No compiten.
Si aceptamos esta premisa, fácilmente llegamos a la conclusión de que la venta del eBook suma a la venta del libro en formato papel. Se produce un ensanchamiento del mercado y no una canibalización entre las ventas de ambos canales; seguramente una de las principales preocupaciones de las industria editorial. De hecho, es muy posible que se logren desarrollar sinergias que provoquen efectos positivos para ambos.
Por último, no cabe olvidar el factor tecnológico. Para una exitosa comercialización de los eBooks es imprescindible que aparezcan en el mercado nuevos dispositivos lectores más potentes, más asequibles y más adaptados a las necesidades reales de los usuarios. Los últimos estudios realizados indican que la predisposición del mercado hacia los eBooks es buena, aunque también que todavía no se reúnen los requisitos necesarios para influir sensiblemente sobre los hábitos de lectura actuales.
Una vez dicho todo esto, yo soy de la opinión de que los eBooks equivocarán su estrategia si tratan de usurpar el terreno del formato papel. Más bien considero que deberían centrarse en averiguar en qué escenarios y situaciones el eBook puede –por comodidad, por idoneidad, por economía o por lo que sea- aportar más ventajas al lector en comparación con el libro tradicional. Veo crucial estudiar detenidamente el comportamiento del lector y ver de qué modo el eBook puede ayudarle a satisfacer sus deseos o necesidades de lectura. La gran ventaja que a mi parecer tiene el eBook es su mayor flexibilidad a la hora de adaptarse a los cambios de hábitos del consumidor, y es eso lo que debe aprovechar al máximo.
Internet ya ha revolucionado negocios maduros como las finanzas o la música, y de ninguna forma es descabellado pensar que también lo haga con la lectura. Resulta evidente que las nuevas tecnologías cada vez profundizan más en nuestras vidas, revolucionando la forma en que nos comportamos y relacionamos. ¿Pero dónde está el límite? ¿Resistirá la fuerza del romanticismo a la poderosa irrupción de una tecnología cada vez más social?
Muy pronto lo sabremos.
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