Hará ya unos meses, escuché cómo le preguntaban a un filósofo y humanista español (lo siento, no recuerdo el nombre) por el futuro de nuestra sociedad. Su respuesta me sorprendió, quizás porque todavía la veo más cercana al género de la ciencia-ficción que a la propia realidad. Interesante, inquietante, provocadora, pero ¿Realmente posible?
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El humanista respondió diciendo que augura un mundo en donde las grandes multinacionales han ido paulatinamente usurpando poder a los distintos gobiernos nacionales y han logrado “robarles” el control sobre las masas. El mundo dejaría de estar dominado por los grandes países y pasaría a estar controlado por las grandes corporaciones.
Vamos, a la altura de cualquier superproducción de Hollywood. Instantáneamente mi mente rescató recuerdos de aquellas películas futuristas de Silvester Stallone o Arnold Schwarzenegger, tan populares hace algunos años, en donde los ciudadanos eran controlados mediante chips y las grandes marcas tenían igual o incluso más poder que los propios gobiernos, cuyo papel, de una u otra forma, solía quedar reducido al de simples marionetas.
Pero de ahí a imaginarme un mundo en donde Coca-Cola, Vodafone o Microsoft influyan y manden más que Obama, el presidente del FMI o el Papa, todavía queda un trecho. ¿No?
Pero volviendo al tema, se suele decir –y prácticamente todos estamos de acuerdo- que hoy en día la información es poder. Quien posee la mayor cantidad de información relevante, es el que domina el cotarro. Actualmente, ¿Quién posee ese tipo de información? ¿Los gobiernos? Puede.
¿Puede el fenómeno de las redes sociales alterar esta situación?
Facebook presume de tener ya más de 300 millones de usuarios en todo el mundo. Google los sobrepasa. Por arrojar un dato que sirva de referencia: la población mundial se estima en 6.500 millones de personas, de la que tan sólo el 20% (1.300 millones) habita en países considerados desarrollados. Por otra parte, el país más poderoso del mundo y uno de los que posee mayor población, USA, no pasa de los 300 millones de personas.
Además, existe otro aspecto que juega a favor de estas empresas online. Mientras los gobiernos obtienen nuestra información desde una posición de poder –estamos obligados por ley a aportársela, estas redes sociales la obtienen de forma totalmente voluntaria por nuestra parte. Es más, diría que estamos deseando proporcionársela, en nuestro afán por explorar todas las posibilidades que nos ofrecer este nuevo universo online. De hecho, estoy convencido de que revelamos información que de requerírnosla nuestro gobierno, sería inmediatamente considerado como un ataque a nuestra intimidad, y un acto necesariamente ilegal. ¡Un ultraje! ¡A mí la Sociedad Protectora del Ciudadano!
Y eso, si Facebook, Twitter, Google y compañía lo saben explotar, puede llegar a ser una ventaja muy grande.
Y en cierta medida parece que lo están haciendo. Sólo hay que ver en qué camino va dirigida gran parte de la inversión que se realiza en el desarrollo de nuevas tecnologías. Geoposicionamiento, dispositivos móviles, etiquetados, etc.
Ya no sólo se conforman con tener nuestros videos, nuestras fotos, nuestros contactos, nuestros deseos; ahora también quieren saber dónde estamos, con quién estamos, y qué vamos a hacer.
Presumo que muchos gobiernos pagarían por tener acceso a mucha de esta información. Imaginaros, dispuestos a pagar enormes cantidades de pasta por acceder a una información que ha sido originalmente proporcionada de forma totalmente voluntaria, y totalmente gratuita (bueno, a veces nos toca incluso pagar por dársela). Deben de estar flipando …
¿Problema potencial para los gobiernos?
Pero ahora viene la pregunta. ¿Cómo deben de estar observando los diferentes gobiernos este nuevo fenómeno social? ¿Lo ven con preocupación? ¿Lo ven como una amenaza?
Y la siguiente pregunta. Si suponemos que efectivamente lo consideran como una amenaza, ¿Cómo deberían reaccionar los gobiernos? ¿Cómo hacerlo sin recibir una tremenda ola de rechazo por parte de la sociedad y la voz pública?
De momento, hace unos meses el Congreso de EEUU ya planteó la necesidad de regular legalmente tanto los procedimientos de recabar información online, como los usos que de esa información se puede hacer. El rechazo por parte de la comunidad online fue inmediato. ¿Puede considerarse un primer intento por parte del gobierno americano por frenar el empuje de estas redes sociales? Quién sabe.
Como he dicho anteriormente, todavía no me imagino un mundo dominado por Coca-Cola, Vodafone y Microsfoft. Ahora, ¿Uno dominado por Facebook, Apple y Google? No sé, no sé …
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