Leía hoy mismo que el sector de los Smart Phones está al rojo vivo. Todas las empresas de tecnología móvil están tratando de desarrollar nuevos productos con los que lograr meter la cabeza en un mercado que augura grandes niveles de crecimiento. El último en llegar ha sido el CLIQ de Motorola, que incorpora el sistema operativo Android, aunque hay muchos más en camino. Se ha abierto la veda.
De todas formas, este mercado tiene un rey indiscutible y no es otro que el iPhone de Apple. Las ventas de iPhones durante el pasado mes de Septiembre han logrado superar las estimaciones más optimistas de Wall Street. Nada más y nada menos que en un 30%. Y en plena crisis mundial. Su cuota de mercado dentro del segmento de los Smart Phones (o Super Smart Phones, como otros prefieren denominarlos) se estima en un 15%. Y se prevé que con la liberalización de los contratos que tiene firmados con varios operadores de telefonía nacionales en régimen de exclusividad (AT&T en USA o Movistar en España, por poner un par de ejemplos), esa cuota de mercado se incremente sensiblemente a partir del próximo año.
¿A qué se debe esta hegemonía tan sólida, sobre todo en un sector en constante innovación / revolución?
Para empezar, a que Apple suele hacer las cosas bien, o muy bien. Tanto desde el punto de vista tecnológico como de marketing (entendiendo marketing en su versión más amplia: concepción del producto, estrategia de penetración, posicionamiento, imagen, etc). En algún post anterior hemos comentado que Microsoft, a pesar de que posee la capacidad de desarrollar nuevas tecnologías realmente útiles y potentes, muchas veces ha fallado en su estrategia de lanzamiento y comercialización. Por resumirlo, ha sabido “crear”, pero no así “transmitir”. Esa tecla con la que muchas veces no la logrado dar Microsoft, es la que a la postre supone una de las principales ventajas competitivas de Apple. No sólo crea productos tecnológicamente buenísimos y avanzados, sino que además se las apaña para convencer al mercado del valor añadido que les proporciona. El mercado acaba percibiendo exactamente lo que pretende Apple que perciba. Tan simple, tan complicado.
Y eso crea marca. Y liderazgo. Y clientes fieles. Y, por supuesto, dinero.
Evidentemente, no se les puede exigir un 100% de éxito. Pero volviendo al iPhone, no me negaréis que lo han conseguido. Su lanzamiento fue una revolución, tanto desde el punto de vista estético (¡mira que es bonito!), como técnico (ha revolucionado el concepto de móvil que teníamos hasta la fecha). Cómo será la cosa que todas las empresas y servicios online de primer nivel se han visto obligados a desarrollar aplicaciones para el dichoso iPhone. Les guste o no. Cuestión de mercado. Cuestión de demanda. Por cierto, qué enorme satisfacción debe suponer esto para los pupilos de Steve Jobs.
Y todavía queda pendiente ver qué pasa con la App Store. Son muchas las voces que abogan por liberalizar la comercialización de las aplicaciones para el iPhone, aunque de momento Apple sigue sin dar su brazo a torcer. A buen seguro no se trata de una estrategia gratuita. A buen seguro supondrá una nueva fuente de ingresos futuros. No tengáis duda.
Por último, no me gustaría terminar sin comentar (otra vez) la habilidad de Apple a la hora de diseñar (e implementar) su estrategia de comercialización. Lo que en su día generó ciertas dudas entre la comunidad de entendidos, ahora se aplaude a rabiar e incluso algunos lo tildan de genialidad. Me refiero a la decisión de colocar su modelo antiguo de iPhone 3G a un precio de $99 (en el mercado americano).
¿Qué ha conseguido Apple con esto?
Pues muy sencillo: situar un Smart Phone con grandes prestaciones a un precio realmente atractivo. Tan atractivo, que está condicionando la política de precios de las empresas competidoras que han lanzado o están a punto de lanzar sus modelos de Smart Phones. ¿Cómo va Nokia o Motorola a situar el precio de sus modelos por encima del iPhone? ¿Qué porcentaje de los usuarios de estos dispositivos móviles estarían dispuestos a pagar más, cuando se supone que el Smart Phone “mejor” y más “cool” lo pueden conseguir por menos? Haceros vosotros mismos la pregunta. Algunos dirán que “depende”. Lo entiendo, pero también entiendo que esos “depende” no aseguran ventas y sí riesgos para las empresas, poco dadas por otro lado a asumirlos. Y menos actualmente.
Consecuencia: las empresas competidoras se van a ver forzadas a fijar precios similares o más bajos (más bien, más bajos), lo que supone que el margen de beneficio depende excesivamente del acuerdo al que hayan llegado con la operadora de turno. Mal asunto.
Solución: lanzar al mercado un móvil que genere el mismo magnetismo en el mercado que ha logrado provocar el iPhone, de forma que pueda resistir las comparaciones y tener mayor libertad de actuación. ¿Posible a corto plazo? Nada es imposible, pero sí difícil. Hará falta empeño, inversión e ingenio. ¿Alguien ha mencionado Google? Veremos.
Esta estrategia podrá tener más o menos adeptos, pero muy mal no le debe haber salido a Apple cuando ya se está rumoreando que está preparando otro modelo de iPhone, todavía más económico, para China e India, los dos mercados emergentes más importantes de la actualidad.
Y ojo, que no soy sospechoso de tirar hacia un lado u otro. De hecho, yo no tengo iPhone.
Todavía.
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