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Lo que mueve a Facebook es la curiosidad

Creo que si se incluyera a Facebook en la lista de los diez “inventos” más influyentes de los últimos, digamos 20 años, nadie se escandalizaría. La suya ha sido ciertamente una aparición fulgurante y apabullante.

Pero no va por ahí mi reflexión. Bueno, un poco sí. Desde que se han ido confirmando sus increíbles niveles de crecimiento, han surgido multitud de teorías tratando de explicar el porqué de su éxito. ¿Cómo, y sobre todo, por qué Facebook ha conseguido atrapar a más de 300 millones de usuarios en poco más de cinco años? Desde humanistas a gurús de la red, pasando por sociólogos, han elaborado su propia teoría personal (y estoy convencido de que todas, en cierta forma, consiguen explicar parte del éxito experimentado por la red social).

Yo he decidido lanzar la mía. Reconozco que ni me baso en arduos estudios realizados por prestigiosas universidades americanas ni en principios marketinianos. He preferido resumir el cuento y jugármela con el sentido común. ¿Cuál es mi teoría? Pues que el motor real de Facebook es la curiosidad. Nuestra curiosidad. La tuya y la mía. La de todos.

El hombre es curioso por naturaleza. Pero en muchas ocasiones le cuesta horrores reconocerlo. Está mal visto. ¡¿Qué dirán?!

Desde el siglo V a.C., época de gran esplendor de la filosofía griega con Sócrates, Aristóteles y Platón como máximos exponentes, aceptamos que somos un ser social que necesita relacionarse para poder desarrollarse en su total esplendor, pero curiosamente nos esforzamos por ocultar nuestra curiosidad. Nuestro anhelo por descubrir cosas (más importantes o más nimias, no importa demasiado) de nuestros amigos, de nuestros colegas de la universidad, de nuestra familia, de amigos de nuestros amigos, …. coño hasta de gente que ni conocemos ni seguramente conoceremos nunca. Es más, a veces nos enfurece el propio hecho de ser sabedores de la poderosa existencia de esa curiosidad que nace de nuestro interior y que no hay forma humana de controlar. Sobre todo cuando no te ve nadie. Sí, como en Facebook.

facebook & curiosity

No sé, a veces creo que en el fondo lo que está detrás de toda esa afán curioso (o fisgoneo, como prefieran) es nuestra necesidad por compararnos con los demás. Por convencernos de nuestra propia normalidad. Y eso lo que viene a demostrar una vez más es nuestro gran fondo social y la importancia que para nosotros tiene el ser aceptados y reconocidos en la sociedad (en nuestra familia, en nuestro grupo de amigos, en nuestro lugar de trabajo, en la red, …).

Se cual sea la razón, lo cierto es que en términos de mercado, esa curiosidad es una necesidad por cubrir. Sin embargo, es una necesidad un poco particular ya que tan importante es el objetivo en sí, como el camino que nos lleva a él. Me explico, queremos matar nuestra curiosidad, pero no a cualquier precio. Deseamos satisfacer nuestra curiosidad de forma totalmente discreta. Vamos, sin que se entere nadie. Lo contrario supondría exponerse a un posible rechazo social que no tenemos el deseo de experimentar.

Por eso no es fácil detectar o justificar objetivamente la existencia de la curiosidad como necesidad en sí misma. Por razones que acabamos de comentar, nunca aparece en las encuestas. Pero sucede como con las meigas, que “haberlas haylas”.

De diferente forma, pero en el fondo responde a las mismas motivaciones que han encumbrado a reality-shows como “Gran Hermano”, o “Tómbola” en su día. Programas, que si bien han sido constantemente criticados por sectores muy diferentes de la sociedad, han batido records de audiencia y de permanencia en la parrilla televisiva. ¿Doble moral? ¿Hipocresía? No lo creo, simplemente un aspecto intrínseco más de nuestra intrigante naturaleza humana.

Desde mi punto de vista, el éxito de Facebook está directamente relacionado con la capacidad que ha demostrado a la hora de satisfacer nuestra curiosidad. Facebook ha dado con la tecla para dar rienda suelta a nuestra curiosidad. Y le hemos respondido. Y de qué forma.

Se suele decir, y es totalmente cierto, que Facebook nos permite reactivar nuestra relación con personas que hemos conocido a lo largo de nuestra vida pero a la que ya habíamos perdido el rastro. También nos permite compartir cualquier tipo de contenido (fotos, videos, comentarios, etc) con nuestros contactos. En definitiva, nos permite estar al día (desde la distancia, o no) de la actividad social de nuestro entorno.

Y eso explica parcialmente su éxito. Pero no todo. A mi modo de entender no justifica ni los altos niveles de atracción que sigue cosechando, ni el hecho de que haya conseguido alcanzar esa elevadísima cantidad de usuarios registrados (ya hay expertos que pronostican que en pocos años alcanzará 700 millones de usuarios en todo el mundo).

Lo que engancha de Facebook es la forma en que nos permite explorar la vida de los otros.

Entras en tu cuenta e inmediatamente, el feed de noticias (ahora, en tiempo real) te informa de lo más destacado de la actividad de tus contactos. Por ejemplo, ves la foto del nuevo coche que se acaba de comprar Pablo, tu antiguo compañero de trabajo. Evidentemente quieres saber más y entras en su álbum de fotos. Y revisando sus fotos, te enteras de que se ha casado. Pero es que además, crees conocer a la novia. Sigues “investigando” y te das cuenta de que sí, que es amiga de Lucía, un chica que conociste en Mallorca durante tus últimas vacaciones y que parece ser que ahora está “libre” (al menos, no dice encontrarse en ninguna relación …). Y claro, empiezas a averiguar quiénes son sus amigos, qué lugares frecuenta  y que hobbies tiene. De repente, te das cuenta que ha sido etiquetada en una foto junto con tu amigo Sergio (si es que el mundo es un pañuelo ….) y lógicamente empiezas a “machacar” a tu colega para que organice un evento a fin que ambos podáis volver a coincidir.

Historias como esta hay miles. Millones. Esta es la magia de Facebook y en mi humilde opinión, lo que la hace irresistible a nuestros ojos.

Y es que Facebook ha dado con una fórmula que nos permite satisfacer nuestra curiosidad sin necesidad de exponernos públicamente.

Por otro lado, es cierto que nos preocupa la seguridad y exigimos a las redes sociales que se comprometan a ofrecernos escenarios en donde poder comunicarnos de forma totalmente segura. No digo que no. Pero nos puede la curiosidad. Y estamos dispuestos a correr riesgos por satisfacerla. Aunque sea un poquito ….

vieñetas

De hecho, nuestra preocupación real por la seguridad no viene por el hecho de que conozcan nuestra edad, los amigos que tenemos o la universidad donde hemos estudiado. Lo que realmente nos horroriza es que sepan qué enlaces visitamos, qué fotos miramos o qué perfiles visitamos.

Vamos, reconócelo. Que ahora no te ve nadie …

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27 de Octubre de 2009  Opiniones


 

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