La clave para tener un extenso y nutrido vocabulario, una ortografía impecable y una redacción fluida era, hasta hace relativamente poco, leer mucho, ya fuera el periódico, un libro o una revista, pero entonces llegó internet, los blogs y las redes sociales y empezamos a leer más pero a sacarle menos partido, desde el punto de vista lingüístico. Así, los anglicismos se han hecho ya, más que una norma, un distintivo de los usuarios habituales de la red. Las redes sociales son social networks, las películas se ven on line o en streaming y no en línea.
De manera imperceptible, frase a frase, la lengua se va empobreciendo, hasta que se ha comenzado a ningunear el español, aceptando formas extranjeras sin tratar de buscar una equivalencia. Si queremos ejemplos podemos remontarnos al blogger con sus posts y más recientemente al follower con sus tweets, por no hablar de los freaks.
Internet presume de ser una herramienta de difusión del conocimiento pero la mitad de los usuarios aún no se han enterado de que la RAE hace años que le quitó la mayúscula inicial ¿Quizás no se difundió bien esta información? Bueno, sólo hay que ver la web o la página de fans de la Real Academia de la Lengua o del diccionario de María Moliner en Facebook.
Por otro lado, la popularización de la red tampoco está favoreciendo el cuidado del español. Se pueden encontrar constantes errores ortográficos, sintácticos y gramaticales sólo con ‘pasear’ entre webs y bitácoras, por no hablar de los espacios personales de las redes sociales. Para un principiante del español, el uso de las mayúsculas debe parece totalmente arbitrario, así como la concordancia y la ubicación de haches, por no hablar de la utilización de los signos de puntuación.
Con tantas manos dentro del mismo saco, se debe hacer difícil discernir entre lo que es correcto y lo que no. Por poner un ejemplo ilustrativo, si queremos saber si el pretérito imperfecto del verbo estar se escribe con be o con uve, podemos probar a buscar en Google (aunque, según empiezo a ver por la red, ya se puede decir googlear) la forma incorrecta ‘estava’ y casi 44.000.000 entradas nos harían pensar que es acertada.
La culpa del maltrato que desde la red se hace al español es culpa de todos los usuarios, empezando por las instituciones encargadas de velar por la excelencia de la lengua. No obstante es un problema de difícil solución ya que, afortunadamente, la red es un espacio libre y abierto. Sólo nos queda confiar en el interés de los usuarios por conservar el español y ayudarlo a crecer con los avances.
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