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QUIEN ROBA A UN LADRÓN ...

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Atraco en Google: “Nos han robado la marca”

Érase una vez un mundo en donde las marcas estaban dominadas por las empresas. Eran ellas quienes controlaban todo lo que se decía sobre ellas y quiénes lo decían, siendo los clientes meros espectadores. Fue una era marcada por la adoración a la marca.

Pero Dios, cansado y cabreado por ver cómo se estaba idolatrando a estos iconos, dijo: “Haya internet”, y hubo internet. Y no satisfecho con esto, más tarde añadió: “Haya Google”, y hubo Google. Y a partir de entonces las marcas dejaron de pertenecer exclusivamente a las empresas, y poco a poco, sin prisa pero sin pausa, empezaron a caer en las redes de Google.

Esto dio paso a un nuevo escenario en donde las organizaciones se encontraban forzosamente con un nuevo compañero de viaje en su camino por posicionar sus marcas en la mente de sus clientes. Un compañero inusual que hablaba un idioma totalmente desconocido y al que pocos lograban entender. De repente, conceptos como SEO o pagerank acapararon toda la atención, fueron encumbrados y reescribieron la “Biblia” de los responsables de marketing y comunicación.

Esta nueva era se puede resumir con la siguiente frase pronunciada por Chris Anderson, Editor Jefe de Wired Magazine: “Your brand it isn´t what you say it is, it´s what Google say it is”, o lo que es lo mismo, “Tu marca no es lo que tú dices que es, sino lo que Google dice que es”.

Y a medida que pasaba el tiempo, Google empezó a acaparar más y más poder. Su sometimiento a las marcas fue in crescendo. Y se volvió codicioso. Y prepotente. Quería dominarlo y controlarlo todo.

Y esto no gustó al Señor, que viendo el panorama decidió ponerlo a prueba. Y dijo Dios: “Haya Web 2.0”, y nació la web social. Y los últimos fueron los primeros: internet se reinventó, otorgando todo el protagonismo al pueblo. Y emulando el milagro “de los panes y los peces”, las redes sociales empezaron a multiplicarse, dando cobijo primero, y altavoz después, a los millones de plebeyos que por fin se vieron ante la oportunidad de hacerse oír y respetar.

dios-twitter

Y el pueblo finalmente tomó las riendas. Y dispuso de total libertad para decidir qué decir, cómo y dónde decirlo.

Mientras, las empresas contemplaron atónitas el intercambio de poder. Sus marcas eran menos suyas que nunca. Ya no era suficiente con comprender y dar tributo a Google, ahora se veían ante la necesidad de entender al pueblo. De escucharlo. De mimarlo. De complacerlo. De preocuparse por sus necesidades, por sus deseos, por sus sentimientos. Las marcas dejaron de pertenecer a las empresas y recalaron en las masas, convirtiéndose en su nuevo punto de encuentro.

Esperemos que las empresas abandonen sus miedos, acepten y comprendan este nuevo escenario. Que no luchen contra él, sino que lo adopten. Es el nuevo Cáliz, el de la sagrada alianza entre marca y usuario.

El futuro de sus marcas está en sus manos.

Amén.

PD: Este post ha surgido por inspiración instantánea tras leer los artículos de Gaby Castellanos (“La web y el microsite han muerto. Viva el social media”) y Marc Cortés (“¿La web ha muerto? Lo que ha muerto es la marca como foco de adoración”). Gracias.

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6 de Noviembre de 2009  Análisis

 

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