Hace poco ya comentábamos en “Monetizar, un juego de niños” el éxito del modelo de negocio de empresas como Zynga, nacida en 2007 y especializada en desarrollar juegos online para redes sociales.
Con juegos para Facebook como FarmVille, Cafeworld, Roller Coaster Kingdom o FishVille, Zynga ha conseguido sobrepasar los 190 millones de usuarios y los 250 millones de dólares de ingresos. Como ya explicábamos, sus principales fuentes de ingresos son tres: 1. Publicidad tradicional, 2. Publicidad modelo “pay per action” (PPA), 3. Venta de artículos virtuales. Pero es especialmente esta última la que sorprende a propios y extraños por su gran capacidad (y mayor potencial) para generar ingresos.
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A todos aquellos que no solemos participar de este tipo de juegos online multiusuarios, nos resulta tremendamente complicado comprender cómo otros usuarios, millones de ellos, compran dinero virtual con dinero real para progresar y acelerar fases del juego. Nos parece raro. Pero la realidad es que mientras medio mundo sigue devanándose los sesos intentando buscar fórmulas para monetizar y rentabilizar sus servicios, Zynga ha convertido estos juegos en unas auténticas minas de oro.
Pero este tipo de comportamiento no sólo se observa en el sector de los juegos online. Hay otras industrias, como la de las redes sociales, en donde cada vez se produce con mayor normalidad. Ya es conocida la pasión de los asiáticos por adquirir productos y servicios virtuales en su labor de interacción dentro de estos entornos, (por ejemplo, se calcula que un universitari@ chin@ dedica $3 mensuales a estos menesteres), y ahora son otros servicios sociales como Facebook los que están empezando a saborear los beneficios que reporta.
Las redes sociales, en especial las orientadas a citas, son otro subsector que también ha descubierto las oportunidades que ofrece este modelo de negocio. Badoo, por ejemplo, ofrece a sus usuarios la posibilidad de pagar una cierta cantidad para que su perfil aparezca durante un tiempo determinado en su página principal.
Es cierto que cada empresa acaba desarrollando su propio modelo de negocio, pero también lo es que en el fondo todos se basan en lo mismo: explotar la competitividad de los usuarios. La competitividad, una cualidad tan primariamente social.
Todos los usuarios, cuando participamos en algún servicio social, solemos perseguir uno o varios objetivos. Si logran crear un ambiente lo suficientemente competitivo como para que estemos dispuestos a invertir dinero no sólo en alcanzarlos, sino en superar a nuestros “adversarios sociales”, estarán abriendo una vía de negocio mucho más sólida y provechosa que la propia publicidad.
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