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¿SERÁ GOOGLE EL PRÓXIMO?

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Facebook & privacidad: La historia interminable II

Facebook & privacidad: La historia interminable II

Esta semana he vuelto a leer varios artículos cebándose con el cambio de política de privacidad de Facebook. El temita empieza a aburrir. Por ejemplo, ayer mismo, leía un artículo en Mashable en el que, aún respetando el cambio de actitud de la red social, lamentaba el hecho de que no nos permitiera la posibilidad de controlar ciertos aspectos sobre la privacidad de nuestro contenido.

En particular, me sorprendió uno de los argumentos esgrimidos en pro de tal postura. Decía que estos cambios propiciarían que muchos profesionales vieran torpedeada su labor en la red social, ya que el hecho de agregar ciertos perfiles o páginas podría provocar el recelo, los juicios o la repulsa por parte de compañeros de trabajo, jefes, amigos o socios. Temen que ciertos comportamientos o acciones dentro de la red social puedan ser malentendidos o malinterpretados, al estar fuera de contexto. El ejemplo que aportan es el del periodista que en su afán de investigación se une a determinadas páginas, que no tienen porqué ser representativas de sus ideales y valores.

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Vale. Lo entiendo. Ahora, ¿Qué porcentaje de usuarios se encuentran en una situación similar? ¿Por qué debería Facebook ajustar sus estrategias a los intereses de un segmento que, lo siento, nada tiene que ver con su público objetivo? Llamadme loco, pero yo sigo pensando que la grandísima mayoría de los usuarios agregan los perfiles que conocen o quieren conocer, y de igual forma se hacen fan de las páginas que les interesan o simplemente les hacen gracia. Así de simple. ¿Qué ocurre entonces? Quizás lo que realmente nos de miedo es mostrarnos al mundo como realmente somos. Quizás lo que nos atemoriza es que nos conozcan de verdad, de ser nosotros mismos. Pensadlo un instante.

Y aunque a todos se nos ocurren muchos casos en donde sería preferible el modelo de privacidad anterior, opino ciegamente que todo esto quedará en nada. Bueno, en el mismo debate interminable sobre la privacidad online. Algo similar a la inagotable y estéril controversia sobre cómo combatir el cambio climático. Demasiados intereses confrontados como para alcanzar una solución que satisfaga a todos.

Pero aún os diré más, como ya comenté en mi anterior post, sigo convencido de que hay más usuarios a favor que en contra de la nueva situación. Porque sigo convencido que la posibilidad de “cotillear” vidas ajenas es uno de los grandes (quizás el mayor) atractivo de Facebook.

Resumiendo: que todo esto no me parece para tanto. Es más, tengo la sensación que si Facebook hubiese sido parida incorporando ya este modelo de privacidad, todos lo hubiésemos asumido como algo normal. Normal. Con el tiempo veremos si la cantidad de nueces es acorde al volumen de ruido y alboroto creados. Yo creo que no.

¿Héroe o villano?

Como he comentado más arriba, soy consciente de que este nuevo modelo de privacidad puede incomodar a ciertos usuarios -entendiendo “ciertos usuarios” como una evidente minoría- e incluso obligarlos a modificar ligeramente su comportamiento habitual dentro de la red social. Tampoco soy tan ingenuo como para tragarme que el nuevo giro en la política de privacidad de Facebook, tal y como afirmaba recientemente su creador Mark Zuckerberg, obedece al deseo de la compañía por adaptarse a la nueva realidad social. Romántico, sí, pero poco creíble. Más bien, rentable.

Sin embargo, por otro lado también sostengo que los señores de Facebook tienen todo el derecho del mundo a provocar y favorecer ciertas situaciones que ayuden a proporcionar beneficios a la empresa. Nos guste o no, es su obligación. Y sin querer erigirme en el defensor de Facebook, no olvidemos que el servicio que nos están ofreciendo es gratuito, por lo que tienen que buscarse las castañas por otro lado para generar ingresos. Ingresos que les permitan seguir ofreciéndonos el servicio sin morir en el intento.

Sé que muchos dirán: “Sí, pero es que lo hacen a costa de nuestra privacidad”. Bueno, no voy a negar que en parte tienen razón. Pero sin pretender caer en el ventajismo ni en la demagogia, estaría bien que nos hiciéramos la siguiente pregunta: ¿Qué  preferís: un Facebook gratuito con los niveles actuales de privacidad, o un Facebook de pago con intimidad total? ¿Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a pagar 3, 5 o 10 euros mensuales (por poner un ejemplo) por disfrutar de la red social con un total control sobre nuestro contenido? O mejor, ¿Qué sucedería si todos los usuarios de Facebook decidieran restringir al máximo los niveles de privacidad de su contenido? ¿Realmente sería Facebook tan atractiva para todos nosotros? Sinceramente, creo que no. Lo que ocurre es que todos quisiéramos poder ver, sin ser vistos.

Quien calla, otorga…

Lo que en el fondo echo más en falta por parte de Facebook y considero que es un error achacable estricta y únicamente a ellos, es la transparencia y la claridad a la hora de informar a sus usuarios sobre los cambios que han implementado. No sé si esto obedece a un objetivo predeterminado o no, lo que sí sé es que al menos deberían salir al paso de ciertas informaciones que terminan por confundir a los usuarios. A algunos, incluso a atemorizarlos con historias casi siempre exageradas y fuera de contexto. Un riesgo, a mi modesto parecer, totalmente innecesario.

Por ejemplo, en el artículo de Mashable que os comentaba anteriormente, se informa de que la nueva política de seguridad implica que hay datos de nuestro perfil y parte de nuestro contenido que ahora escapan a nuestro control; son ineludiblemente públicos. Aspectos como el nombre, la foto de perfil, la red a la que pertenecemos, la lista de amigos, la ciudad o las páginas de las que somos fans. De todas formas, sin llegar a cuestionar esa información, sí me extrañó cuando la leí. De hecho, he estado curioseando por la red y me he encontrado con muchos usuarios con los que es imposible acceder a mucha de esa información. Es cierto que hay datos (páginas de las que somos fans) que es imposible ocultar, pero por el contrario, para todo el resto (nombre, foto de perfil, red, ciudad y lista de amigos) he encontrado casos en donde los respectivos usuarios sólo los muestran a los contactos que tienen agregados porque así lo han decidido cuando han configurado sus opciones de privacidad. Es más, si echáis un vistazo a las nuevas opciones de privacidad de Facebook, veréis que podéis controlar quién puede encontrarte al hacer búsquedas tanto dentro de la propia red social como en los motores de búsqueda.

La pelota está en nuestro tejado

Paralelamente a todo esto, lo que también es cierto es que estos cambios en la política de privacidad de la red social seguramente van a provocar ciertos ajustes. No sería de extrañar que a partir de ahora un usuario corriente de Facebook sea más precavido a la hora de aceptar nuevos amigos o a la hora de publicar cierto tipo de contenido. Incluso, creo que puede dar lugar al incremento de perfiles falsos o la duplicidad de perfiles. Todo ello con el objetivo de permanecer en el anonimato. De borrar nuestro rastro.

Pues bien, en el caso de que cualquiera de estos problemas termine por surgir, corresponderá a Facebook la tarea de encontrar una solución efectiva y satisfactoria. Si una cosa diferencia a internet de todo lo demás, es la fuerza de los usuarios, que no dudan en penalizar y dar la espalda a aquellos servicios con los que, por cualquier razón, no comulgan. Será un riesgo con el que tendrán que convivir los de Palo Alto, que deberán estar atentos a las reacciones de sus clientes a fin de que la situación no se les vaya de las manos.

Y Google… ¿Qué?

Por otro lado, cambiando el juego de banda, ¿Por qué no exigimos lo mismo a Google? Considero que ya todo el mundo es consciente de que Google tiene muchos más datos sobre nosotros de los que podamos llegar a imaginar. ¿Por qué, pues, no provoca una reacción similar? Quizás por el hecho de que para nosotros Google es tan solo un buscador, un robot, algo impersonal, mientras que Facebook es algo mucho más cercano, más personal, más íntimo. De hecho, reconozco que me encanta fantasear con la idea de que esta sea la perfecta tapadera de Google, el perfecto antifaz tras el cual se encuentran unos tipos que cuando queramos darnos cuenta sabrán más de nosotros que nosotros mismos. No está mal como guión de una película, ¿no? Lo sé, poco original.

De lo que estoy convencido es que los de Mountain View deben de estar siguiendo con mucha atención la avivada polémica que se ha generado en torno a este asunto. Lejos de alegrarse por el “incendio” en casa del enemigo, seguramente no podrán evitar cierto nerviosismo. Y es que como dice el refrán, “cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”.

Conclusión

A tenor de todo lo visto y leído, me animaría a compartir mi sensación de que a la gran mayoría de los usuarios de Facebook no les preocupa los cambios introducidos por la red social en materia de privacidad. No se sienten amenazados. No les trastoca gran cosa su comportamiento cotidiano. Algunos lo podrán calificar de acto irresponsable, pasota, pero es la realidad. Y por favor, no confundid esto con que crea que sea la actitud correcta al respecto, simplemente describo lo que siento que está sucediendo. Aunque ni me extraña, ni tampoco lo critico. En absoluto.

Tampoco descarto que este nuevo modelo de privacidad acabe provocando ciertas situaciones problemáticas que hagan reflexionar al personal, modificando su visión y actitud actuales. De hecho, creo que algo de esto terminará pasando.

De todos modos, si tan quemados estamos con el cambio de política, ¿cómo es que no se produce ningún tipo de rechazo por parte de los usuarios? ¿Por qué no nos hacemos oír, y muchísimo más importante, sentir? ¿Por qué no nos rebelamos contra sus prácticas y le damos la espalda? ¿Por qué no ejercemos nuestro poder para boicotear a la red de redes y le demostramos quién manda aquí?

A ver si lo que resulta es que Facebook nos tiene tan atrapados, tan dependientes, que no nos atrevemos a dar el paso.

Mucho me temo que esa es la gran baza que juega nuestro amigo Mark Zuckerberg.

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14 de Enero de 2010  Análisis, Redes Sociales


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Comentarios

Xavi  |  19 de Enero de 2010 a las 21:59

El quid de la cuestión quizá radique en que la enorma mayoría de gente ni se ha dado cuenta de ese cambio porque ha ignorado o simplemente no ha visto el mail recibido desde facebook.

A mí el cambio de política me resulta indiferente, el hecho de que habilitasen el cambio de configuración de todos los usuarios cuando era algo no necesario me parece más criticable.

Alex  |  20 de Enero de 2010 a las 00:25

Estoy de acuerdo Xavi, pero entonces, ¿quién es el culpable? ¿Facebook por provocar el cambio o nosotros por pasar del aviso sobre tales cambios? Yo también creo que Facebook ha judado precisamente esa baza, nuestro pasotismo, pero entiendo que mucha culpa la tenemos nosotros.

 

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