Marc Crosas (Volga): "Despertar a media noche y enterarse de la muerte de un genio como Steve Jobs desde uno de sus inventos… "

DESDE CHINA CON AMOR

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Google y el cuento chino: Un análisis en profundidad

Estos últimos días he estado siguiendo con mucha atención el debate que se ha generado con motivo del penúltimo desencuentro entre Google y el gigante asiático. Una relación de amor-odio, repleta de intereses enfrontados, pero sin embargo, con la extraña sensación de que a pesar de que siempre se amenaza con romper, existe un complejo equilibrio de fuerzas que hace que las aguas siempre acaben volviendo a su cauce.

¿Será esta vez distinto? Opiniones hay para todos los gustos…

¿Cómo comenzó todo?

Todo empezó en enero del 2006, cuando Google entró oficialmente a operar en el mercado chino. Ya entonces se generó una agria controversia debido a la idiosincrasia del acuerdo. Se puso en tela de juicio la ética empresarial del buscador, ya que su entrada en China suponía la aceptación de un pliego de condiciones que muchos opinaban no podían ni debían ser aceptadas por cuestiones morales.

Es más, la decisión que adoptó  Google de auto-filtrar voluntariamente los resultados de las búsquedas relacionadas con todos aquellos tópicos especialmente sensibles para la Administración china, ha sido una de las más polémicas de la historia de internet. Fueron muchas las voces que acusaron al buscador de traicionar sus propios principios de libertad total en el acceso a la información, reunidos bajo el slogan “Don´t be evil”. Muchos entendieron este movimiento como una prueba de que en el fondo Google anteponía sus objetivos empresariales a su filosofía. Una oleada de pesimismo invadió la red.

Por ejemplo, en las siguientes imágenes se puede observar la diferencia entre los resultados arrojados por Google.com y Google.cn para el término “Tiananmen Square”, en referencia a los actos de protesta contra el régimen comunista y dictatorial que lideraron miles de estudiantes de la República Popular China entre Mayo y Junio de 1989 en Beijing, y que terminaron con la instauración de la Ley Marcial y la desproporcionada represalia militar del gobierno chino. El resultado fueron cientos de civiles muertos y otros miles de heridos. La verdad, viendo las imágenes que ofrece google.cn, nadie lo diría…

Google-China-Tiananmen

Google-com-Tiananmen

El hecho es que todos esos condicionantes se han traducido en un Google “capado a la carta”, condición sine qua non para operar en el país asiático.

Entiendo que haya gente que se haya sentido defraudada por la actuación de los americanos, aunque todos aquellos que tildaron la aceptación de la censura china por parte de Google como una “bajada de pantalones”, supongo que en virtud de la coherencia, tendrán la misma opinión de todo el resto de empresas –y hay unas cuantas– que también operan en China y que por supuesto, también han sufrido y siguen sufriendo las represiones del sistema.

¿Hay alguna razón especial que nos motiva a exigir más a Google que al resto? ¿O es que simplemente tenemos ataques repentinos de amnesia y olvidamos que estamos hablando de una empresa cuyo objetivo primordial es generar beneficios?

Respecto a si hizo Google mal en su día al aceptar el chantaje chino, la respuesta no es en absoluto sencilla, y en gran medida depende de si enfocas el asunto desde una perspectiva empresarial o desde una más, digamos, humana. De lo que estoy seguro es que, independientemente del camino escogido, Google no hubiera podido satisfacernos a todos. Es imposible. Así que supongo que hizo lo que creyó conveniente para sus propios intereses y el de sus accionistas.

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Además, en su día ya respondieron a sus críticos con una explicación, en mi modesta opinión, bastante lógica y respetable. Básicamente, tal y como apunta The Economist en su post Flowers for a funeral: “la estrategia de Google ha sido la de entrar en el país, crecer, convertirse en un elemento de influencia y hacerse fuerte, para posteriormente utilizar esa influencia para intentar generar un cambio en China desde dentro”. Otra cosa distinta es que la jugada les haya salido según lo previsto. De hecho, el Director de Departamento Jurídico de Google, David Drummond, ha declarado que con el paso del tiempo la situación, en lugar de mejorar, ha ido empeorando.

Siguiendo en esta línea, The Economist añade que “la decisión de Google de abandonar China resulta cualquier cosa menos indiferente para el gobierno chino, al que pone en una complicada situación”. Bueno, desde mi punto de vista, estas últimas palabras me parecen un poco precipitadas y atrevidas, aunque profundizaremos sobre la idea a medida que avancemos con el post.

Por cierto, respecto al tema de la censura a Google por parte de las autoridades chinas, cabe decir en honor a la verdad, que es exactamente el mismo tipo de censura que sufren sus competidores locales. Es más, tal y como apunta Enrique Dans (y cita conversaciones con directivos de Google), parece ser que gracias a la intervención de Kai-Fu-Lee (ex directivo de Microsoft y fundador de Google China) y a su habilidad negociadora, los de Mountain View han venido operando durante tres años como “un motor de búsqueda inmensamente menos censurado que el resto”;  “el menor, con gran diferencia, de todas las compañías occidentales que operan en el país”.

Vamos, que todo indica que la implacable “Great Firewall”, tal y como se denomina a la censura y vigilancia impuestas sobre internet por el Ministerio de Seguridad Pública de la R. P. China, tenía en Google a su “niño mimado”. O al menos, eso es lo que le interesaba vendernos a Google en su momento.

¡Cómo ha cambiado el cuento!

¿Cuál ha sido el detonante?

El último conflicto entre las partes ha saltado por los aires después de que hace unos pocos días, concretamente el 12 de Enero, Google hiciera público un ataque perfectamente orquestado contra las cuentas de Gmail pertenecientes a activistas de los derechos humanos en China. Además, un portavoz de la empresa basada en California confirmó que también se había robado propiedad intelectual, aunque no concretaron de qué tipo. Posteriormente, se ha filtrado que otras importantes compañías de una gran variedad de sectores (internet, finanzas, tecnología, telecomunicaciones, productos químicos, etc) también han sufrido ataques similares.

Este último suceso ha sido el que ha motivado a Google a declarar que no están dispuestos a seguir aceptando la censura china, y aunque dejan la puerta abierta a una negociación con las autoridades chinas, si sus dirigentes no varían su actual postura, considerarán muy seriamente cesar su actividad en el país. Muy a su pesar, claro.

¿Bravuconada? ¿Golpe encima de la mesa? ¿Posición de fuerza? O por el contrario, ¿estrategia de salida con la cabeza alta? Quién sabe, aunque no tardaremos mucho tiempo en comprobarlo.

Lo cierto es que toda la información que rodea a este asunto es tan confusa, que da pie a multitud de interpretaciones y falsos rumores, entre los que no podían faltar las más fantásticas teorías conspiratorias. Pero bueno, ya sabemos que muchas veces la realidad supera a la ficción. Y tratándose de Google… Y tratándose de China…

Los hay a los que todavía les duelen las manos de tanto aplaudir la postura tomada por la empresa americana, básicamente porque atisban a ver una vuelta a sus orígenes. En su mayoría se trata de gente que no aprobó la estrategia implementada por Google inicialmente en China, pero agradece la rectificación. Más vale tarde que nunca.

Sin embargo, también hay otros que dudan de que los motivos esgrimidos por Google para abandonar China sean los verdaderos. No les cuadra que tras 4 años de actividad en el mercado, argumenten ahora cuestiones éticas. No le encuentran sentido alguno, a no ser que el sistema nervioso y emocional de Google funcione con un retardo casi lustral. Por ello abogan por otro tipo de razones, principalmente financieras, camufladas detrás de una posición victimista y populista.

Por otro lado, las investigaciones abiertas todavía no han logrado confirmar la autoría de los hechos, considerado de alto nivel de sofisticación no sólo por los conocimientos técnicos exigidos, sino por el hecho de que el ataque iba dirigido expresamente contra unas víctimas perfectamente seleccionadas. A pesar de todo ello Google no ha tardado en insinuar, quizás por la dimensión del incidente, la implicación directa o indirecta del gobierno chino. Y la verdad es que los asiáticos tampoco es que se hayan vuelto locos por desmentirlo. Tan sólo un par de declaraciones diplomáticas vacías de contenido.

También es cierto que recientemente han surgido nuevas informaciones que apuntan a cierta ayuda desde el interior. Dejan entrever la existencia de infiltrados. De hecho, Google China no ha tardado en bloquear a varios empleados el acceso a su red interna, decisión que no arroja sino más dudas sobre el espinoso asunto. Para acabarlo de liar, sólo nos faltaría que ahora apareciera Al Qaida responsabilizándose del suceso.

Pero hay más. Algunos afirman que todo ha sido obra de hackers patriotas, hipótesis que vendría avalada por acciones ya ocurridas en el pasado en donde parece que consiguió probarse que el gobierno chino nada tuvo que ver. Otros, incluso que esto no es más que una artimaña del buscador para desalentar a todos aquellos competidores que buscan penetrar en el mercado (principalmente Microsoft y Bing).

El tiempo nos ayudará a esclarecer los hechos y a discernir la realidad de los rumores, que tan fulgurantemente rodean este tipo de noticias. Lo que sí es cierto es que parece que a Google, en China, a cada paso que da le crecen más enanos.

Cuando la empresa y la política se mezclan

Desde mi punto de vista, el gran problema que encierra este conflicto es que  supera la esfera empresarial y se inserta de pleno en el espacio de la política internacional. Y eso, como nos podemos imaginar, complica mucho las cosas. Sobre todo porque obliga a analizar la situación desde distintas perspectivas, no sólo la económica.

Estamos analizando una confrontación entre un país y una empresa. Un país con unas características, una cultura, un régimen político y unas prácticas gubernamentales tremendamente complejos. Pero la lucha entre estos dos gigantes no es una pelea de igual a igual, lo que condiciona y mucho las estrategias de ambos bandos.

Esto me recuerda el artículo de un sociólogo (no recuerdo el nombre) que leí hará cosa de un año. La idea subyacente era que en el futuro, el mundo modificará el modo en que está organizado social, política y económicamente, y dejará de estar controlado por los grandes países para pasar a estar dominado por las grandes multinacionales. A muchos os sonará a película de ciencia ficción, pero algo de ello habrá cuando en la actualidad ya existen empresas cuya facturación es mayor que el PIB de muchos países. Por poner otro ejemplo, el número de usuarios de Facebook ya supera a la población de USA. Por mi parte, estoy convencido de que en el futuro cada vez serán más frecuentes estos conflictos entre naciones y organizaciones. Y es más, tengo la sensación que en muchas ocasiones los ciudadanos nos vamos a poner de parte de las empresas.

Por todo esto que acabo de mencionar, se me hace muy difícil entender ciertas críticas. Muchas de ellas basadas en una visión simplista del problema. Bien adolecen de una completa falta de perspectiva global o bien se refugian en unos valores o sentimientos, que si bien les coloca en una posición muy loable, también lo es que en el mundo actual, poco o nada tiene de real.

Seamos realistas y pongamos los pies en el suelo. Y sobre todo, dejémonos el cinismo y la hipocresía en el cajón de la entrada, antes de poner el grito en el cielo.

Críticas a Google que no comparto

La República Popular China posee un régimen unipartidista y dictatorial. Sí. No ponen demasiado empeño por respetar los derechos humanos. También. Es enormemente represiva con la disidencia. Cierto. Impone a sus ciudadanos y empresas a una vigilancia sin cuartel. Correcto. Pero es que mientras alguien no me demuestre lo contrario, parece que tiene el derecho a hacerlo. Aunque poco importa, la verdad, porque de todas formas lo está haciendo. Ojala fuera distinto, pero así es la cruda realidad.

Y haciendo uso de su capacidad soberana, ha decidido imponer unas prácticas extraordinariamente restrictivas, que si bien en absoluto son de nuestro agrado, es necesario respetar si deseas operar en su territorio. Son sus normas. Por otra parte y sin pretender caer en la demagogia, creo que no hace falta ser un genio para saber que si en lugar de China, la problemática se hubiera producido en Malawi, no nos hubiéramos ni enterado. Algo por el estilo, digamos, a la guerra de Kosovo. No son de “interés general”.

El problema es que, a priori, el caramelo chino es tan goloso que las empresas están deseosas de asumir los riesgos. Algo similar a lo que sucede con las redes sociales: las ventajas de usarlas superan a los inconvenientes. Incluida la pérdida de dominio sobre nuestra privacidad.

Por esta razón, entiendo perfectamente a Google y su legítimo interés por introducirse en uno de los mercados presumiblemente más estratégicos en vistas al futuro. Y por la misma razón no comparto las críticas vertidas en su contra por no plantarse desde el primer momento ante la censura china. Quienquiera que desee ser partícipe en este mercado sabe perfectamente cuáles son las reglas. Y aún así, considero que teniendo en cuenta la relevancia estratégica del mercado (no olvidemos que Microsoft, Apple, etc. también poseen delegaciones operativas en China), el deber de los directivos de Google es intentarlo. Vería extraño lo contrario. Y sus accionistas también.

Conviene matizar que cuando hablamos de censura, no sólo nos referimos a la restricción en los resultados de las búsquedas (del tipo pornografía y demás). Sino también a una serie de servicios, entre ellos Youtube (por el que se pagó 1.65 millones de dólares en 2006), que Google se ha visto obligado a no ofertar ante el peligro de que la información almacenada sea requerida judicialmente por parte del gobierno chino, en pro de la seguridad nacional. Y esto tiene unas tremendas implicaciones económicas y estratégicas para Google. Un pesado lastre que complica más si cabe, el éxito de la operación.

Por eso, rechazo todas aquellas críticas que utilizan demasiado gratuitamente valores como la moralidad o la ética para argumentar sus posiciones. Lo peor es que este tipo de críticas suelen pecar de falta de coherencia y consistencia. ¿Por qué no es ético que Google opere en China bajo sus reglas y sí lo es que todos los países occidentales, más o menos disimuladamente, hagan cola para establecer acuerdos comerciales con los asiáticos? ¿Dónde está la diferencia? ¿Por qué exigimos más a Google que a nuestros propios gobiernos?

¿Por qué se pone a Google en el disparadero cuando el resto de competidores están actuando del mismo modo? Hoy mismo leía en searchengineland.com que Bing, no sólo censura los resultados de sus búsquedas dentro del territorios chino, sino que recientemente les pusieron la cara roja cuando se descubrió que algunos de esos resultados también eran filtrados en su versión principal, bing.com. Por cierto, cosa que Google no hace. Y no se ha armado ningún revuelo. Ni nadie ha acusado a Microsoft de respaldar implícitamente las acciones del gobierno chino, como sí ha sucedido con Google. ¿Por qué no se aplica el mismo rasero ético?

Los cambios sociales en China, dudo mucho que los vaya a provocar ni ninguna empresa, ni ninguna nación extranjera. Los únicos realmente con autoridad moral para propiciar y luchar por esos cambios son los propios ciudadanos chinos. Y sólo ellos serán capaces de generar las situaciones idóneas para que esto suceda. Eso sí, a su forma, y a su ritmo. Poseen una cultura diferente, unos valores diferentes, y por tanto, un modo de hacer las cosas diferentes. Y son lo suficientemente orgullosos para permitir que nadie les diga cómo tienen que hacer las cosas. Y tienen toda la razón a hacerlo.

Críticas a Google que sí comparto

De la misma forma que antes decía que no comparto a los que critican a Google basándose en juicios éticos (casi siempre ventajistas, aunque supongo que habrá excepciones), sí que comulgo con todos los que han atizado a los de Mountain View justamente por eso, por escudar sus intereses y estrategias empresariales detrás de una cortina de humo moralista.

Que me perdone Google, pero cuesta horrores imaginar que su decisión de plantarse definitivamente frente al gobierno chino, sean cuales sean las consecuencias, no obedece a una estrategia empresarial. Por mucho que su discurso predique lo contrario y desvíe la atención hacia otras cuestiones. Se juega demasiado. Además, los hechos nos obligan a reflexionar acerca de los argumentos esgrimidos por los californianos para justificar su postura.

Por ejemplo, me parece estupendo que los señores de Google se rebelen, critiquen la censura china y abanderan la defensa de los derechos humanos. ¡Chapeau! Ahora, me encantaría que aplicaran el mismo tamiz cuando se analizan otros temas igualmente candentes como la gestión de la privacidad de los usuarios, aunque dudo que mantengan el mismo nivel de autoexigencia. ¿Qué ocurre con toda la información personal que posee y almacena Google de todos nosotros? ¿Es eso moral? ¿Respeta sus valores éticos?

Otro ejemplo. China no es el único país en donde Google filtra los resultados ofrecidos por su motor de búsqueda, sino que en otros países como Alemania o USA también se practica, por unos u otros motivos, este tipo de censura. Es fácil comprobarlo porque cuando esto sucede aparece un aviso al final de la página que te lo indica. Es el caso de si buscamos “american nazi party” en Google.de. Entonces, ¿Qué ocurre? ¿Qué hay un doble rasero a la hora de juzgar la censura en función del país donde se lleva a cabo? ¿Hay alguna diferencia, moral o de otro tipo,  entre filtrar los resultados sobre búsquedas relacionadas con la ideología nazi o filtrarlos para las búsquedas sobre la masacre china de Tiananmen Square?

La verdad, es que Google parece haber organizado una fortísima campaña de relaciones públicas en torno a todo este asunto, lo que para muchos refuerza la idea de que todo el jaleo organizado con el gobierno chino es tan solo un cuento, una pose perfectamente estudiada y analizada que conviene a sus intereses.

De hecho, la repercusión mediática ha sido, y sigue siendo impresionante. Toda la prensa, blogs y webs especializadas (y de ámbito generalista) se han hecho eco del conflicto. Sólo hay que echar un vistazo al gráfico que nos proporciona Google Insights acerca de la evolución de las búsquedas realizadas relacionadas con el tema en cuestión.

google trends google.cn

Es más, durante los últimos días numerosos personajes  de gran relevancia han mostrado públicamente su satisfacción por la decisión adoptada por el buscador de dejar de filtrar sus resultados en China.

Lo cierto es que desde el día que Google nos sorprendió a todos con su comunicado, se ha desencadenado una tormenta en la red. Nadie se ha abstenido de mostrar su opinión y las noticias relacionadas con el conflicto entre Google y el gobierno chino han copado internet. Si por ejemplo nos fijamos en tweetmeme, veremos que en la última semana se han compartido en twitter casi 14.000 links conteniendo información concerniente al respecto.

tweetmeme

Por otro lado, otra muestra más de la estrategia mediática de Google es la noticia que publicaba el Wall Street Journal y que hacía referencia a la nueva práctica dentro de la política de comunicación de la empresa. Y es que Google ha decidido comprar anuncios de Google Adwords, tal  y como se observa en la imagen que viene a continuación, para explicar a todos sus usuarios la postura adoptada ante la cuestión china.

google adwords china

Todos están de acuerdo en que se trata de un hecho sin precedentes, ya que si bien el buscador  ya había echado mano previamente de Google Adwords para promocionar o explicar alguno de sus productos, nunca los había usado para comunicar decisiones o noticias de la compañía. El único caso con cierta similitud es cuando contrató anuncios para explicar el porqué de la aparición de una foto ofensiva de Michelle Obama en los resultados de sus búsquedas.

Por último y para zanjar la cuestión, en el caso de que la verdadera y principal preocupación de Google fuera el respeto por los derechos humanos y por el acceso libre a la información de los ciudadanos chinos, ¿en qué les beneficiaría a éstos su salida del país? ¿Mejoraría la situación el hecho de que esos ciudadanos ya no pudieran acceder a sus servicios, aunque fuera de manera restringida? En mi opinión, más vale un Google “capado”, que nada.

Es evidente que la situación empeoraría. Las repercusiones de una eventual salida de Google de China sería un evidente empeoramiento de los derechos humanos en el país. Las víctimas reales del conflicto serían los propios ciudadanos chinos. ¿Es esto moralmente aceptable?

¿Qué representa Google en China?

En la actualidad, Baidu, el motor de búsqueda doméstico y principal competidor de Google en el mercado chino, disfruta aproximadamente del 77% del mercado de las búsquedas según Fortune (datos del tercer trimestre del 2009). Google representa un 17%, aunque su cuota de mercado descendió dos puntos en comparación con el segundo trimestre.

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Podríamos concluir que la presencia de Google en el mercado chino es cuanto menos, significativa, aunque claro, sabe a poco sobre todo si la comparamos con su posición de liderazgo en la gran mayoría de países occidentales. De todas formas, aún así, ya duplica la cuota de mercado que por ejemplo tiene Bing en USA.

Hay varios motivos que explican las dificultades con las que se ha topado Google a la hora de penetrar en el mercado chino.  A los ya sabidos obstáculos intrínsecos a la relación con la administración y gobierno chinos, similares a los que se encuentra cualquier empresa extranjera, se unen los vinculados con el propio idioma. Y es que el formato de búsqueda de Google no está tan adaptado al mandarín y a sus singulares caracteres como su gran competidor Baidu. Lógico, por otra parte.

De hecho, si volvemos la vista a otros mercados como el ruso, con un idioma y unos caracteres propios, nos encontramos con una situación parecida. En Rusia, el principal motor de búsquedas con una cuota de mercado similar a la de Baidu en China, es Yandex. Y una de sus principales ventajas frente al todopoderoso Google es, como no podía ser de otra forma, su mejor adaptación a la grafología cirílica.

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Por otra parte, también merece la pena destacar los segmentos del mercado chino en los que Google ha logrado un mayor nivel de penetración y aceptación. Tal y como comenta Mara Hvistendahl, periodista afincada en Shanghai y que ha cubierto numerosos asuntos relacionados con China, el tipo de gente que utiliza Google y Gmail tiende a situarse entre la élite social; es decir, profesores, empresarios, profesionales o académicos. Se trata de gente que, por muchos motivos, está interesada en poder utilizar buscadores con menor grado de censura y servicios de e-mail encriptados,  pero que en muchos casos no poseen los privilegios necesarios para superar la “Great Firewall”. El principal inconveniente es que esos son los usuarios que probablemente dentro de unos años acaben gestionando algunas de las empresas tecnológicas más potentes y poderosas del planeta, y por tanto, a los que el gobierno chino más le interesa tener controlados.

Por las citadas razones, la salida de Google de China dejaría a este grupo “indefenso” dentro de las prácticas restrictivas de su gobierno. Indefensos y cabreados, aunque hay muchas dudas en relación al nivel de presión que este lobby pudiera ejercer sobre la administración central. En general, podríamos decir que no hay demasiados optimistas al respecto. Es más, los más pesimistas son los propios empresarios chinos. Y algo sabrán de todo esto, ¿no?

En cuanto a todos aquellos que apuntan a los pobres resultados financieros de Google China como principal motivo de que la empresa americana acabe abandonando el mercado asiático, decirles que los datos de los que disponemos no son tan concluyentes. Estos críticos son los que también han filtrado que esa falta de perspectivas financieras optimistas de cara el futuro son las que causaron la marcha de Kai-Fu-Lee de Google, a pesar de que tras su aterrizaje en 2008 como bandera de Google en China, se marcó el reto de superar a Baidu en cinco años.

A pesar de que no hay cifras oficiales, se estima que los beneficios obtenidos por la división china de Google “tan solo” alcanzan unos pocos millones de dólares. Minucias si lo comparamos con sus 22 billones de facturación mundial. Con la información de la que se dispone, se calcula que Google China contribuye en aproximadamente un 1% a los beneficios globales del gigante tecnológico.

Sin embargo, si echamos un vistazo al siguiente gráfico elaborado por Forbes, veremos que mientras Baidu ve como sus beneficios caen, Google experimenta el efecto inverso.

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Además, existe otro factor que también debemos tener en consideración a la hora de analizar la presencia de Google en China, sobre todo por su importancia estratégica futura: el mercado de los dispositivos móviles. Y justamente este parece ser el segmento de mercado escogido por Google como objetivo número uno y en el que está poniendo más énfasis.

Si bien Baidu es el líder indiscutible del mercado chino de búsquedas, en el campo de los teléfonos móviles –sector cuyas perspectivas de negocio son inmensas, la batalla está mucho más igualada, gracias en parte al acuerdo alcanzado con la mayor operadora china de telefonía móvil (China Mobile) para ofrecer servicios de búsqueda de su plataforma.

Consciente de la relevancia de este mercado en su estrategia global, últimamente Google ha estado centrando sus esfuerzos en introducir su sistema operativo Android para dispositivos móviles en China. Se habla incluso de que estaría pensando en abrir una tienda de aplicaciones Android en el país. Y la verdad es que no le estaba yendo nada mal; móviles que incorporan la plataforma Android como el Lenovo´s OPhone, el HTC Magic o el Dell´s Mini 3, han tenido una notable aceptación en el mercado chino.

Resumiendo, si bien la posición de Google en el mercado chino no es la que estamos acostumbrados a observar, no por ello se deben infravalorar los resultados obtenidos hasta la fecha, sobre todo, vistas algunas de las dificultades a las que han tenido que hacer frente. Si no, que se lo pregunten a Yahoo, que en el 2005 y tras seis años de tumultuosa actividad (y habiendo obtenido unos resultados bastante más discretos que los logrados por Google), se vio obligada a dar por concluida su aventura china y vender todas sus operaciones a Alibaba, una compañía doméstica con mejores conexiones con las altas esferas políticas chinas.

Pero, ¿de verdad vale tanto la pena el mercado chino?

Quizás esta sea, en última esencia, la pregunta que encierra gran parte de la solución a todo este enigma. Al fin y al cabo, la respuesta a esta cuestión es la que debería determinar y condicionar la estrategia de Google, por mucho que lo que en toda regla es una decisión puramente económica y empresarial, se disfrace de cualquier otra cosa menos de eso.

China es el mercado más grande del mundo, y eso ya es de por sí un argumento de muchísimo peso. Una tarjeta de presentación incomparable. ¿Qué compañía no sueña con conseguir, aunque sea, un pequeño pedacito del pastel? No digamos ya, el posicionarse como una empresa o marca de referencia… se pueden oler los dólares a kilómetros de distancia. Y esta es la baza que juega China. Y su gobierno.

Pero tal y como pueden atestiguar varios directivos de empresas que han operado u operan en el mercado chino, lo que en un principio puede parece un país de inmensas oportunidades, debido a las dificultades intrínsecas que implica, puede convertirse en un auténtico infierno. Y lo peor de todo es que es un mercado en donde no sólo importan tus méritos a la hora de fracasar o triunfar, sino que hay muchos otros factores que entran en juego. Factores externos a la propia naturaleza del negocio y que casi siempre tienen que ver con la habilidad diplomática para tratar y negociar con las autoridades chinas.

Todas estas particularidades hacen que las empresas que se plantean entrar en China deban analizar cuidadosamente los pros y los contras que conlleva tal decisión.

Argumentos a favor (algunos):

  • China es el mercado más grande del mundo con aproximadamente 1.500 millones de clientes (perdón, de habitantes).
  • Actualmente China posee sobre los 338 millones de internautas (por cierto, se estima que 30 millones utilizan Gmail).
  • Se espera que la economía china crezca cerca del 10% durante el presente año. De hecho, la proporción de China en el PIB mundial ha aumentado del 3.4% en 1980 hasta el 16.6% que se prevé para este 2010. Esta misma semana se ha confirmado que China ha superado a Japón como segunda potencia económica mundial, tan solo por detrás de USA. Además, los expertos afirman que en el 2020 ya superará al PIB de USA (para ello barajan tasas medias de crecimiento entre el 7% y 10% anual). El año pasado, en plena crisis económica, creció al 9%.
  • A final del 2010, puede convertirse por primera vez en el primer exportador mundial.
  • Se estima que dentro de 2 años, el 75% de sus empresas pertenecerán al sector privado.
  • Creciente flujo de inversión directa extranjera.
  • Modernidad  de las infraestructuras.
  • Elevada tasa de generación de empleo, motivada en gran parte por su rápida industrialización.
  • La pobreza de la población disminuye a gran velocidad, dejando entrever la creación de la mayor clase media mundial.
  • Mano de obra barata.

Argumentos en contra (algunos):

  • Economía con excesiva dependencia del capital extranjero.
  • Dependencia energética, sobre todo del petróleo.
  • Ausencia de un sistema político democrático, de un sistema judicial moderno y de una protección adecuada sobre los derechos de la propiedad intelectual.
  • A pesar de que en los últimos años han crecido las libertades individuales con motivo de la reforma económica, las libertades de expresión, asociación o reunión todavía están muy limitadas.
  • Continuos abusos contra los derechos humanos,  a pesar de que parece que poco a poco se está avanzando en la dirección correcta.
  • Cultura muy diferente a la occidental y tremendamente arraigada.  Cultura empresarial también muy distinta a la nuestra.
  • Demasiada burocracia.
  • Corrupción.
  • Idioma.

La pregunta que Google se debe haber planteado es: ¿Superan los beneficios de hacer negocios en China a su coste? Y cuando hablamos de coste, no nos referimos únicamente al coste económico, sino también a la pérdida de reputación y de imagen.

Y como no, al coste político. Y es que ya sabemos que los gobiernos occidentales suelen mostrarse muy desconfiados con todo lo que tenga que ver con China. Y Google es una empresa demasiado importante y relevante como para que su relación con los asiáticos pase desapercibida. Y esto es algo que Google tampoco puede descuidar. Tiene algunos frentes abiertos tremendamente delicados, y que para llevarlos a buen puerto necesitará de una gran complicidad con los gobiernos nacionales. Por ejemplo, todo lo relacionado con la legalidad del uso que se hace de la privacidad de los usuarios. Espinoso asunto sobre el que los distintos gobiernos tienen mucho que decir.

El arte del enroque

De lo único que estoy totalmente convencido es que la decisión de Google de dejar de censurar sus resultados en China y cesar sus operaciones en caso de que el gobierno se lo impida, es todo menos un acto espontáneo e irreflexivo. Ni tampoco es una rabieta, como han insinuado algunos. No encaja en su patrón habitual de comportamiento.

Creo que es una decisión profundamente meditada. Una decisión empresarial que obedece a una estrategia meticulosamente preparada.

Por otra parte, es obvio que la jugada no está exenta de riesgos. Si finalmente se produce su salida de China, Google no solo estaría renunciando a un mercado de gigantescas proporciones sino que despejaría el campo a sus competidores: Baidu en el mercado de las búsquedas y Apple en el de los dispositivos móviles. De hecho, los de Steve Jobs recientemente han introducido una versión especial de su iPhone para el mercado chino. Terreno, que de perderse, luego va a costar mucho recuperar. Por eso, si bien se puede entender esta decisión en el corto plazo, cuesta más hacerlo en el largo.

Sin embargo, a buen seguro Google habrá evaluado la situación y el coste de oportunidad de tomar tal postura. Por supuesto que la perspectiva financiera de sus operaciones en China habrá resultado clave, aunque con toda certeza también existen otros factores que han entrado en juego.

De todos modos, comparto la opinión de Techcrunch, que ironizaba sobre el hecho de que si Google fuese líder del mercado, nunca hubiese optado por tomar esta posición de fuerza ni hubiera amenazado con cesar sus actividades en China. La reacción seguramente hubiera sido bien distinta. Es muy probable que Google haya llegado a la conclusión de que en las actuales circunstancias no puede llevar a cabo una estrategia exitosa en China y de ahí lo ocurrido. Además, ya decíamos que actualmente el país asiático sólo representa un 1% de su facturación global, por lo que el riesgo tampoco es alarmante. A corto plazo, claro.

De hecho, cuando más pienso sobre ello, más inteligente me parece la estrategia de Google. Si la observamos desde un punto de vista más panorámico, resulta fácil observar que la jugada, en contra de lo que en un principio pueda parecer, puede proporcionar bastantes beneficios a Google. A bote pronto, a mí se me ocurren los siguientes:

  • En primer lugar, es una medida muy del agrado de la opinión pública, lo que repercute positivamente en su imagen y reputación corporativa.
  • Supone un “lavado de cara” frente a la comunidad online, después de que tras la defensa pública por parte de su CEO Eric Schmidt del uso que hace Google de la información personal de los usuarios, su imagen se viera dañada.
  • Además, le permite salir “con la cabeza alta” de un mercado cuyas enormes particularidades y dificultades intrínsecas podrían estar minando la rentabilidad de la división china de Google.
  • Plantarse ante China supone una medida de acercamiento tanto al gobierno americano, como al europeo. No olvidemos que Google últimamente está en el punto de mira de la Unión Europea. También en el de los reguladores anti-competencia americanos, debido a la política de adquisiciones de su (como es el caso de la compra de AdMob). Y como comentábamos anteriormente, todavía sobrevuela el fantasma de la privacidad de los usuarios.
  • Por otro lado, la postura de Google ejerce una enorme presión sobre sus competidores (Yahoo, Bing, Apple, Adobe, etc.), ya que de cara a la opinión pública éstos tendrán muy complicado justificar la sumisión a las reglas establecidas por el gobierno chino. Con este movimiento, Google ha dejado maniatados a sus competidores de cara a todos nosotros.

Si esta Guerra Fría Cibernética, como algunos ya se han apresurado a denominarla, entre Google y China fuera una partida de ajedrez, podríamos decir que los californianos han echado mano del enroque. Ahora le toca al transatlántico asiático mover ficha.

Estoy convencido de que los californianos albergan muy pocas esperanzas de que el gobierno chino recule. Y cuando digo muy pocas quiero decir muy pocas. Más aún cuando el Director de la Oficina de Información, Wang Chen, ha reiterado la opinión del gobierno chino respecto al uso de la censura como mecanismo social válido para proteger la seguridad de la información online.

También creo que el movimiento de los americanos ha pillado por sorpresa al gobierno chino. Desde la entrada de Google en China, las desavenencias entre ambos han sido constantes, aunque me temo que los asiáticos no se esperaban este puñetazo en la mesa. No creo que se imaginaran la posibilidad de que Google decidiera abandonar China, sobre todo teniendo en cuenta su valor estratégico.

Si la lógica impera en los acontecimientos venideros y ambos jugadores son coherentes con sus respectivas posturas, el cuento debería acabar con la salida inminente de Google de China. Los dos han hipotecado sus palabras.

Sin embargo, tengo la sensación de que si bien este escenario servirá para alimentar el ego de ambos, no es sostenible a medio ni largo plazo. Ni Google puede renunciar a China, ni China puede renunciar a Occidente.

La partida de ajedrez no ha hecho más que comenzar.

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25 de Enero de 2010  Análisis, Empresas

 

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