Este fin de semana, los de undernews hemos estado en los carnavales de Cádiz. No voy a entrar en detalles, simplemente os diré que de entre todas las fiestas populares que he tenido la suerte de disfrutar dentro del territorio nacional, es la que más me atrae (perdóname San Fermín). No sé, quizás sea el carácter de los gaditanos. Carácter que interiorizamos durante unas pocas horas y que nos hace vivir en un mundo irreal y mágico durante el tiempo que permanecemos al cobijo de la “tacita de plata”. Vamos, que hasta la crisis se une a la fiesta y se enfunda el disfraz del “buen rollo”.
Mientras volvíamos para casa, entre tenues recuerdos y fotos mentales borrosas de la noche anterior (casi mejor así), me ha dado por pensar en la cantidad y variedad de gente con que me encontré. Venían de todos los rincones de España. Sin excepción. Prueba irrefutable del tirón popular que tienen este tipo de fiestas entre la gente. Incluso en estos tiempos en donde casi todos vivimos pendientes de la cartera y enarbolamos la bandera del ahorro.
Un ataque de ansiedad sufrido por la mujer que se sentaba a nuestro lado debido a unas apenas perceptibles turbulencias me impidió conciliar el sueño. Así que seguí dándole vueltas al asunto de las fiestas populares. ¿Por qué no aprovechar estas festividades para potenciar la maltrecha economía de las ciudades que las albergan?
¿Cómo promocionar la economía local con pocos recursos?
Bien es sabido que la tesorería de la gran mayoría de los Ayuntamientos españoles está en números rojos. Rojo Ferrari. La fiebre inmobiliaria que no hace tanto llenó sus arcas, ahora se ha esfumado sin dejar rastro y les ha dejado en la estacada. Sin previo aviso y sin apenas fuentes de ingresos. La consecuencia es que muchas poblaciones, incluso muchas capitales, rozan la bancarrota. De hecho, si se tratara de empresas hace tiempo que muchas se hubieran acogido a la Ley Concursal.
Todo esto hace que muchos de estos organismos oficiales dispongan de un margen de maniobra escaso para poner en práctica medidas económicas o promocionales que ayuden a paliar, al menos en parte, las terribles consecuencias que está provocando la recesión económica en los pequeños y medianos negocios. Los de toda vida, que al fin y al cabo son los que se encuentran más indefensos ante el tsunami que supone esta crisis que amenaza con perpetuarse.
Por otra parte, por todos es conocido que estas fiestas populares, tanto las más masificadas como San Fermín, Fallas o el Carnaval de Cádiz, como todas las restantes que no alcanzan tal dimensión, en muchas ocasiones suponen un alivio impagable para la economía y subsistencia de estos pequeños negocios. Es más, hay casos en donde estas fiestas y la avalancha de gente que arrastran, significan un porcentaje muy alto del total de facturación anual para estas pequeñas empresas (muchas veces negocios familiares). En mi caso, siendo de Castellón, doy fe de que esta experiencia se confirma cada año con el Festival Internacional de Música de Benicassim (hoteles en Benicasim), más conocido como FIB . Os aseguro que hay muchas empresas y pequeños establecimientos que año tras año lo esperan como agua de Mayo para conseguir cuadrar sus balances. Y más ahora. No es que sea la Panacea, pero ayuda. Ayuda mucho.
Pues bien, volvemos a lo de siempre. A falta de recursos, buena es la imaginación. ¿Por qué desde los Ayuntamientos o demás organismos oficiales no se aprovecha el potencial de las redes sociales para promocionar sus fiestas, conseguir atraer a más gente y así echar un cable a la economía local? A buen seguro su gente lo agradecería.
La necesidad de un plan
Cuando hablo de aprovechar el poder de las redes sociales no me refiero a actuaciones esporádicas, desmarcadas del conjunto y ajenas a una estrategia global. Vamos, que no creo que sea suficiente con crear una página o grupo en Facebook, ni que baste únicamente con darse de alta en un directorio empresarial. Me refiero a una participación online organizada, constante y al amparo de una estrategia común previamente diseñada. En definitiva, una estrategia basada en sembrar y sembrar y volver a sembrar, para que cuando llegue el momento, permita a los negocios locales poder recoger.
De hecho, la inversión sería mínima. En primer lugar, sería conveniente crear una web (entendemos que lo más atractiva posible) en donde ofrecer todo tipo de contenido sobre la población y sus fiestas. Y a partir de aquí, dar paso a la imaginación para que a través de videos, fotos, o cualquier otro elemento que se nos ocurra, lograr captar la atención y fascinar al espectador. Además, la página podría servir de plataforma para que los negocios locales ofrecieran sus servicios.
Paralelamente, el siguiente paso sería aprovechar toda la fuerza de difusión y persuasión que han adquirido las redes sociales últimamente. No perdamos de vista que para según qué decisiones, estos servicios sociales se han erigido en unos potentes prescriptores. Y justamente en la categoría de ocio y entretenimiento, dentro del cual englobaríamos a estas fiestas populares, las redes sociales juegan un rol crucial. Una buena campaña de promoción en servicios como Facebook o Tuenti puede proporcionar grandes beneficios.
Muchas empresas privadas que se dedican al mundo del ocio, como por ejemplo discotecas, restaurantes, agencias de viajes o festivales de música lo están haciendo y parece que no les va mal. ¿Por qué razón las fiestas populares no pueden imitar lo que funciona? Os aseguro que si bien hay mucha gente dispuesta a pasar un fin de semana loco en Ibiza, también hay mucha que se decantaría por disfrutar de unas fiestas locales. Hay que reconocerlo, tienen su atractivo. Ahora, nos lo tienen que presentar con el envoltorio adecuado.
Por curiosidad, he estado cotilleando en Facebook y me he encontrado con que muchas de estas fiestas populares poseen algún tipo de grupo o página. Aquí os dejo las del Carnaval de Cádiz, Fallas y la Tomatina (una de mis favoritas).


Sinceramente, me ha sorprendido comprobar que ninguna goza de una gran cantidad de fans. El Carnaval de Cádiz 7.855, las Fallas de Valencia 10.336 y la Tomatina de Bunyol tan solo 271. Después, lo he querido comparar con un evento organizado por una empresa privada (por simpatía me he decantado por el FIB).

La página del FIB en Facebook posee 11.818 fans. Es decir, un nivel bastante similar al de las que acabamos de ver. La diferencia es que mientras que al FIB suelen asistir unas 40.000 personas, únicamente el primer sábado de carnaval de Cádiz congregó a más de 350.000 personas, por lo que no es exagerado imaginar que contabilizando la totalidad de los días de fiesta la ciudad registre cerca de un millón de visitantes.
Esto significa que algo falla. Las fiestas populares todavía no han sabido, o no se han planteado aprovechar todas las posibilidades que internet y las redes sociales ponen a su disposición.
Y es una pena, porque creo que reúnen muchos condicionantes para hacerlo con bastante éxito.
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