El otro día mientras miraba la tele me planteé un escenario curioso, casi contradictorio. Todo vino porque durante los interminables anuncios publicitarios con que nos bombardean cada día las cadenas privadas, hubo uno que me llamó la atención. Era de una empresa llamada citydeal.com, la cual ofrece diariamente diferentes tipos de ofertas, más bien chollos. En este caso, la oferta era entradas de cine a 1 €.
Mi reacción inmediata, sincera, fue de interés. Deseaba conocer más acerca de la empresa y, sobre todo, de sus ofertas. Entré en su página web, y fue ahí cuando me di cuenta. Había visitado esa misma web el día anterior. Lo hice porque vi un anuncio en Facebook y me resultó interesante. De hecho, la oferta era exactamente la misma: entradas de cine a un euro. Sin embargo, y a pesar de lo apetecible de la oferta, la descarté.
Es extraño, pensé. Justo después de ver el anuncio en televisión y de visitar la web, mi intención era claramente la de registrarme en el servicio y aprovecharme de esos descuentos tan increíbles. Por otro lado, ese mismo anuncio en la red social había provocado en mí un comportamiento muy similar, aunque con un final muy distinto.
¿Por qué? ¿Cuál es el factor diferencial entre ambas situaciones? Evidentemente el medio en donde vi el anuncio. Y eso es realmente lo que me extrañó de mi comportamiento, de mi inercia. Tras analizarlo llegué a la conclusión de que mientras la televisión me aportó confianza y seguridad, facebook me generó dudas, recelo.
A pesar de que la publicidad que vi en facebook captó mi atención y mi interés, tras visitar la web y comprobar que exigían un registro de varios de mis datos privados, me eché atrás. Ya he sufrido malas experiencias en este sentido, bien en envíos de spam masivos y tremendamente molestos, bien en servicios contratados con el móvil sin mi consentimiento. Al menos consciente. Y creo que fue ese temor a verme nuevamente inmerso en esas situaciones lo que acabó decantando la balanza.
Mi reacción fue diametralmente opuesta tras ver el anuncio por la televisión. No sé, es como si no lograra imaginarme cómo una empresa que pregona tan visible y públicamente sus servicios, pueda ser capaz de timar a sus clientes. No parece muy inteligente, y posiblemente sea eso lo que nos da seguridad. Quizás falsa seguridad, pero seguridad al fin y al cabo.
Y este puede que sea uno de los principales hándicaps con los que se encuentra la publicidad online. A pesar de su creciente e imparable poder prescriptivo, al menos a mi parecer, internet todavía no ha alcanzado las cotas de credibilidad de las que gozan los medios tradicionales. Y es normal que sea así, todo llegará. Y a buen seguro más pronto que tarde.
Por otro lado y paralelamente a todo esto, últimamente he percibido que cada vez son más las empresas online que se han decidido a publicitarse en prensa, radio y televisión. ¿Qué pretenden con ello? Es posible que busquen ampliar su audiencia pero estoy convencido de que su objetivo número uno es el de construir marca, dar imagen, generar confianza, seguridad. Presentarse en sociedad como Dios manda.
¿Se quedará esto en simple moda pasajera o echará raíces y se convertirá en un comportamiento habitual dentro de la estrategia de promoción de las start ups?
De ser así podría producirse una curiosa contradicción, que las empresas online, que internet, acabará reactivando la inversión publicitaria en los medios tradicionales y contribuir de esta forma a su supervivencia.
Mal no les vendría. Sólo hay que ver la siguiente gráfica publicada por Business Insider en la que se muestra como estos medios tradicionales han visto reducidos sus ingresos publicitarios en un 12% durante el último año. El único incremento se produce en la publicidad online (7%), mientras que todos los restantes descienden: periódicos (20%), revistas (17%), radio (20%) y televisión (10%).

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