El porno está mal visto. Todavía. Razones de fondo podríamos aducir multitud; desde una arraigada cultura cristiana que nunca se ha visto cómoda en el terreno sexual y que por tanto siempre ha optado por demonizarlo, hasta los actuales protocolos y valores sociales auspiciados por una doble moral tan dominante como sonrojante.
La consecuencia de esta, en el fondo graciosa, batalla moral que se juega en nuestros interiores es que la industria del porno (industria que por cierto mueve miles de millones de dólares en todo el mundo, lo que indica que de forma incomprensible e intolerable, algo de mercado tiene…) desde sus orígenes se ha visto rodeada por un áurea de oscurantismo y secretismo extremo. El negocio del porno, sin serlo, siempre ha sido metido en el mismo saco en donde psicológicamente se sitúan tantas actividades ilegales y de moral dudosa como el estraperlo, la pedofilia o la prostitución. O casi. Nunca ha logrado obtener el merecimiento de ser tratado como una actividad económica más.
Y es que esta sociedad en la que vivimos es así de cachonda. Actividades ilegales realmente graves y punibles como la corrupción política son tratadas por los medios y por gran parte de la gente con una ligereza y normalidad pasmosas. Pero lo realmente incomprensible es que el pueblo ya las acepta como mal endémico. Como el del anuncio, que acepta pulpo como animal doméstico porque no tiene otro remedio. Lo que popularmente se conoce como “mal necesario” o “mal menor”. Mientras tanto, determinadas actividades que sí se encuentran dentro de la legalidad –el porno, por ejemplo– generalmente producen un rechazo y una exaltación desproporcionados, dejando ver nuestro lado más acomplejado, más ñoño, más incoherente y desquiciante.
En este sentido, la aparición de internet supuso una liberación grandiosa para la industria del porno, y del sexo en general. Una válvula de escape, un nuevo y potente vehículo para campar a sus anchas fuera de las miradas inquisidoras a las que estaban acostumbrados. Una autopista de libertad sin peajes que conducía a un mercado completamente virgen.
Y lo cierto es que la industria pornográfica no desaprovechó la oportunidad. El porno se expandió por la red a una velocidad que ridiculiza cualquier brote de Gripe A. Pero no sólo merece la pena fijarse en su capacidad de adaptación a este nuevo medio, también desarrolló una meritoria capacidad para competir. Para sobrevivir hasta en las condiciones más extremas.
No hay que olvidar que el porno es, sin ningún lugar a dudas, la industria con mayor cantidad de contenido gratuito repartido por la red. Tenemos acceso a contenido pornográfico online casi sin querer. Hasta tal punto que mucha gente no entendería un internet sin porno (modelo App Store). Sin embargo, la maquinaria del porno ha sabido encontrar la llave para generar ingresos y crear modelos de pago exitosos. En el escenario más poco favorable que nos podamos llegar a imaginar (sobreoferta de contenido y además gratis), el porno se las ha apañado para hacer negocio.
Todo esto me venía a la mente cuando leía que Ning, el servicio para crear redes sociales verticales (comunidades), acaba de tomar la decisión de modificar su actual modelo de negocio: a partir de ahora únicamente permitirá que sigan funcionando los proyectos de clientes de pago. Carpetazo al servicio gratuito.
Por cierto, ni mucho menos va a ser el único servicio que tome este camino. Muchos van a venir detrás. Y no les vendría nada mal aprender de la industria del porno y de cómo ésta se ha abierto camino y sabido vencer todas las dificultades que le han salido a su paso. Cierto es que el mercado del sexo tiene unas características muy peculiares, como respuesta también a unas necesidades específicas. Y también es cierto que, como casi todos, está pasando por dificultades. Pero aún así, se puede aprender de él. Todos los modelos de negocio que aplican las start ups de hoy en día para lograr rentabilidad positiva ya han sido puestos en uso previamente por la industria pornográfica online. Seguro.
Y es que es necesario alcanzar un profundo conocimiento de las necesidades de tu mercado para poder cobrar por contenido pornográfico cuando hay millones de páginas gratuitas repletas de videos y fotos X. Algo parecido sucede con los servicios y redes sociales de citas (y lo que surja, claro) que son de pago.
Pues bien, ahora que parece que los emprendedores le están perdiendo el miedo a cobrar por sus servicios o por su contenido, no estaría nada mal que le echaran un ojo al sector del porno online. Y no precisamente para “relajarse”, sino para aprender de sus estrategias y de su conocimiento del mercado.
Por cierto, los dos últimos posts colgados en undernews son “Publicidad sexy, Publicidad efectiva” y “Aprendiendo del porno”. Para los que nos visitan por primera vez: esto no es un blog que hace apología del porno. Debe ser la primavera…
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