Para cualquier empresa resulta fundamental diversificar al máximo, dentro de lo posible claro, su negocio y sus fuentes de ingresos. Es uno de los diez mandamientos de los empresarios. Pues bien, cuando hablamos de tecnología e internet esta necesidad se eleva a la máxima potencia.
Y es que en internet los tempos son distintos. Tan distintos que en ocasiones se roza lo caótico. Es como si al escenario macroeconómico que hemos conocido hasta ahora le hubieran dado una pasadita por el acelerador de partículas del CERN y la velocidad a la que todo sucede se hubiese disparado. Además, en el mundo online el concepto de competencia es totalmente distinto. No existe la competencia local, es un todos contra todos. En definitiva, el riesgo es más alto y las amenazas más impredecibles.
Esto supone una enorme exigencia para cualquier empresa que pretenda ser competitiva en este mercado. Es casi obligatorio desarrollar una capacidad de adaptación y reacción a la altura de las circunstancias. Lo malo, o lo bueno según se mire, es que estas exigencias se recrudecen con el paso del tiempo.
En este sentido internet me recuerda a la Fórmula 1. Cada carrera es distinta, cualquier innovación puede modificar por completo el panorama competitivo (recordad lo que sucedió el año pasado con Ross Brawn –el Steve Jobs de la F1– y su Honda) y los equipos se pasan toda la temporada desarrollando y mejorando el coche para arañar unas pequeñas décimas que les permitan superar a sus contrincantes. Una lucha continua y sin cuartel. Relajarse más de la cuenta puede producir daños graves e irreparables.
Ni los más grandes son inmunes a la implacable ley de la red de redes, que al fin y al cabo son las leyes que hemos establecido nosotros, los usuarios. Veamos los casos de dos pesos pesados que se enfrentan a retos importantes. A retos planteados por la propia red.
Microsoft y su búsqueda de nuevos mercados
Tal y como comentábamos en “Google vs Apple: batalla a la vista por la web móvil”, durante los años noventa Microsoft fue el claro dominador del mercado de la informática y el software. Sus tentáculos lo alcanzaban absolutamente todo. Nada pasaba en el universo tecnológico sin que la empresa liderada por Bill Gates estuviera por el medio. Hasta que Google y Apple lo cambiaron todo.
La paulatina pérdida de peso específico de Microsoft sin embargo no ha venido acompañada por una pérdida de competitividad. Todo lo contrario. Tal y como sucede con el Real Madrid, el carácter competitivo de Microsoft nunca hay que ponerlo en duda. Puede que no sea la empresa más flexible del mundo, puede que muchas veces llegue tarde a las nuevas oportunidades que ofrece el mercado, pero también debemos de reconocer que no sería la primera vez que aunque con retraso, llega, ve y vence. Y convence.
Hay que tener en cuenta que la situación que se le ha planteado a Microsoft no es en absoluto sencilla. En poco tiempo ha visto como estos nuevos protagonistas del panorama online, principalmente Google, se han convertido en serias amenazas para sus vacas lecheras: Windows, Internet Explorer y Microsoft Office. Y cómo no, también para uno de sus grandes bastiones: el mercado profesional.
¿Cómo han reaccionado los de Redmon? Pues tratando de diversificar su negocio. Del mismo modo que Google empezó siendo un buscador y ahora resulta complicado cerciorarse de donde empiezan y acaban los límites de su imperio, Microsoft no se ha dejado amedrentar y también ha optado por atacarle donde más duele. No sólo lanzó Bing para introducirse en el mercado de las búsquedas y competir directamente con Google, sino que también ha metido la cabeza en el sector de los smartphones, la computación en la nube y la industria de los videojuegos, entre otros.
La siguiente gráfica muestra como gracias a esa estrategia de diversificación Microsoft ha incrementado su público objetivo en un 53%.

Pero claro, optar a más mercado no quiere decir que consigas conquistarlos. Y en eso anda Microsoft, en plena cruzada.
Algunas cosas le han salido mejor que otras. Si bien Bing poco a poco, muy poco a poco, va ganando cuota de mercado en el mercado de las búsquedas (ha ganado 3 puntos desde su lanzamiento), su división online es un verdadero desastre. Cada año tira a la basura 2.000 millones de dólares. Me da vértigo hasta escribirlo.

Soportar este agujero, este coste de oportunidad, es una barbaridad incluso para Microsoft. Lógicamente, este despilfarro sólo es entendible dentro de un determinado trasfondo estratégico que justifique ese desorbitado peaje. Algunas voces críticas acusan a Microsoft de equivocarse con ese planteamiento de tratar de mejorar el posicionamiento de Bing sea cual sea el coste. De intentar plantar cara a Google a cualquier precio en lugar de destinar esos recursos a otras oportunidades de negocio más rentables.
En este sentido, Business Insider realiza un curioso análisis de la situación en el que concluye que los costes en los que ha incurrido Microsoft para incrementar el tráfico de Bing son bastante superiores al aumento de los ingresos generados por ese mayor tráfico.
Pero no todo es negativo. Para finales de año se espera el lanzamiento de Windows Phone 7 Series, su sistema operativo para dispositivos móviles. Y por lo que hemos podido ver hasta la fecha parece que tiene muy buena pinta. Por otra parte, su proyecto Natal mantiene en vilo al sector de las consolas y los videojuegos. Se trata de una tecnología totalmente novedosa que puede suponer un boom sin precedentes. El arma ejecutora de la Wii.
Pero a mi modo de ver, el principal activo con el que cuenta Microsoft y sobre el que creo que debería edificar su competitividad futura, al menos en lo que se refiere a su pulso con Google, es su colaboración con Facebook. Desde un punto de vista estratégico, una alianza con la mayor red social del mundo dotaría a los de Redmon de muchas y nuevas posibilidades. Por de pronto, ayer durante la conferencia f8 se presentaba Docs.com, un servicio creado por Microsoft en colaboración con Facebook que permite compartir documentos de Office en la red social.
Veremos si son capaces de construir unas bases sólidas sobre las que sustentar su éxito futuro. Algo me dice que lo conseguirán.
Adobe y la amenaza fantasma del HTLM5
Otro grande que se encuentra ante un duro reto es Adobe. Sobre el horizonte de futuro de su producto estrella, Adobe Flash, asoman nubes que anuncian tormenta. Y eso que actualmente es la plataforma multimedia más popular entre desarrolladores. Casi un 70% de las webs que acumulan más tráfico usan Flash.
¿Cuál es el problema entonces? El problema se llama HTML5 (HyperText Markup Language) y amenaza con canibalizar el mercado, sobre todo porque parece tener el beneplácito de los que mandan, y eso es tener mucho. Google ya ha mostrado su interés por este nuevo lenguaje aunque de momento se ha quedado sólo en eso. Microsoft también ha declarado que no ve problema alguno en usarlo. Veremos qué ocurre cuando el HTML5 esté listo.
De todos modos, la principal bofetada a Adobe se la ha pegado Apple. Y es que los de la manzana han vetado el uso de Flash en su iPhone e iPad. Las razones técnicas aducidas por los de Steve Jobs (como que no es fiable, ni seguro y además consume demasiada batería) no han sido asumidas de buen grado por Adobe, que tras frustrarse sus reiterados intentos –tecnológicos y diplomáticos– por convencer a Apple de que reconsiderase su postura, ha tirado la toalla. De hecho ya ha aconsejado públicamente a los desarrolladores de aplicaciones en Flash que enfoquen su punto de mira al Android.
Por si fuera poco Apple ya anunciado que su inminente plataforma publicitaria móvil –iAd– utilizará HTML5 en sus banners, lo que contribuirá a menguar el mercado del Flash. La verdad es que si lo de Apple con Adobe no es una persecución, se parece mucho. Hasta los romanos tuvieron más clemencia de los cristianos.
Lo realmente grave es que todos estos acontecimientos no hacen sino persuadir a los desarrolladores de aplicaciones y juegos para el iPhone a utilizar tecnologías alternativas. A dudar sobre si seguir usando Flash ya que de hacerlo se arriesgan a que sus productos no sean aprobados en la App Store o sean rechazados en cualquier momento. Ejemplos hay muchos, y ya se sabe que en Apple son de ideas fijas, sólo hay que ver cómo han afrontado su boicot a la pornografía en toda su plataforma. Y esto supone un verdadero hándicap para Adobe que puede lastrar su futuro.
Por el momento Adobe confía sus esperanzas a la nueva versión del Flash Player (10.1) en la que está trabajando y de la que anticipa maravillas. Más le vale, puede que se la última bala que le quede en la recámara.
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