Largo y tendido se ha hablado, debatido, discutido y peleado en los últimos años en relación a la crisis actual de la música. Poco más podría añadirse.
Lo que no se debería permitir, por ninguna de las partes, es el engaño, la tergiversación y el ventajismo. Armas que se han convertido en el pan de cada día en la problemática que afecta a la industria musical. Para acabar de arreglarlo sólo nos faltaba que los políticos no pudieran remediarse meter baza. Sobre todo porque lo hicieron con un partidismo totalmente irreverente. El resultado es el que todos conocéis ya. Un instrumento de recaudación implacable, un coleccionador de cánones que se les ha apañado para oficializar y legalizar su actividad. Los vampiros de las cuatro siglas. Cuatro siglas que van camino de situarse a la altura de las más populares de la historia, como INRI o NASA. Otra cosa es los sentimientos que generen.
De todos modos, es imposible negar lo evidente, al menos por tiempo indefinido. Y el tiempo terminará por destapar muchas coartadas, muchos argumentos y justificaciones que no se ajustan en absoluto a las inquebrantables leyes del mercado.
¿Es cierto que la música está en crisis?
Pues no. No es correcto hablar de crisis en la música, sobre todo porque estamos en el momento histórico en donde más música se vende. Si este es el concepto de crisis que algunos tienen en mente no sé como calificarán la situación económica actual. Aunque casi mejor no saberlo.
Podemos hablar de crisis en la industria discográfica, crisis en el modelo de negocio, crisis en un determinado canal de distribución, pero en ningún caso de crisis en la música. No pretendo molestar a nadie, pero me parece totalmente falaz y hasta provocador insinuar que internet puede acabar con la música. No digo que no pueda acabar con ciertos intermediarios del sector, pero nunca acabará con la música. Simple y llanamente porque la música no es propiedad de nadie, es patrimonio universal. Un patrimonio cultural inherente a la propia naturaleza humana que no entiende de conflictos legales. Está muy por encima de todo eso.
Sin embargo, tampoco sería coherente obviar el hecho de que internet ha generado ciertos desajustes, ciertas problemáticas en la industria musical que no existían antes de su irrupción. Me estoy refiriendo a la piratería y a las descargas ilegales. Y no voy a ser tan necio de negar que estos dos factores han tenido un gran impacto negativo en la caja de la industria musical. Y veo lógico que ésta se esfuerce por defender sus intereses y reclamar una revisión del marco legal que permita regular adecuadamente estas situaciones. Yo también lo haría. Sinceramente creo que sería bueno para todos que se encontrara una solución al problema, aunque sé que va ser complicado. Muy complicado.
Lo que no apruebo es cuando veo que esta misma industria musical se pone el disfraz de víctima y se escuda en internet, la piratería y las descargas ilegales para esconder sus propias miserias. Y sus miserias no son otras que su incapacidad y su negación a aceptar la evolución del mercado. A adaptarse a las nuevas reglas del juego. Reglas que ya no dictan ellos, sino todos nosotros. A reconocer el cambio de un modelo oligárquico a uno más democrático. Que por cierto, tampoco creo que vaya a ser el definitivo.
El álbum ha muerto, larga vida al single
Otra evidencia es que la industria discográfica debe adaptar su modelo de negocio si quiere salir airosa de esta encrucijada. No puede insistir en mantener un modelo basado en los ingresos que provienen de las ventas de álbumes, modelo que ha exprimido hasta la saciedad durante las dos últimas décadas.
Los gustos han cambiado. Las necesidades ya no son las mismas. Si existe una tendencia cristalina en esta industria es la que resume el subtitular: El álbum ha muerto, larga vida al single.
Así lo muestran las estadísticas del año pasado que acaba de hacer públicas TuneCore, uno de los más importantes distribuidores independientes de música. Estadísticas que confirman lo siguiente:
- La grandísima mayoría de la gente prefiere los singles frente a los álbumes.
- Hay más artistas vendiendo más música. Internet ha promocionado y abierto las puertas del mercado a muchos músicos que de otra forma hubieran tenido realmente complicado darse a conocer.
- La venta de música online crece de un modo espectacular, aunque como ya hemos comentado anteriormente, esas ventas son casi exclusivamente singles. Esto se explica fácilmente si comparamos sus precios ($0,99 una canción por $10 un álbum, de media).
- El streaming se consolida como la preferencia número uno de los usuarios. Sus ventas representaron un 57% del total, seguido por un 40% de los singles y por un mísero 2,3% de los álbumes.

Para aquellos que desconfían de la validez de los resultados de TuneCore como muestra relevante, también tenemos las estadísticas de la asociación de los principales sellos discográficos. Y las conclusiones son las mismas. La venta digital de álbumes es prácticamente inexistente.

En reumen, la gente cada vez consume más música por streaming, compra más singles, va a más conciertos y adquiere más mercadotecnia. Lo único es que ha decidido que no quiere comprar álbumes.
¿Significa esto que la música está en crisis?
Fuente: arstechnica.com
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