El domingo, mientras disfrutaba de la entrega de trofeos al terminar la final masculina del españolizado –a la fuerza, a la “nadalesca”– Roland Garros y me disponía a cambiar de canal, me llamó la atención uno de los anuncios que estaban echando en ese momento. Era de Trivago, una web que se autodefine como el mejor comparador de precios de hoteles de la red y que además también proporciona ofertas y precios especiales a sus clientes.
Se está convirtiendo en algo cada vez más habitual el ver negocios online anunciándose en televisión. Hace poco ya comentamos el caso de CityDeal, que había comenzado una campaña publicitaria bastante agresiva en el medio televisivo. Pero la realidad es que ya son muchas las empresas que han decidido regresar al tan denostado mundo 1.0 para propagar a los cuatro vientos las excelencias de sus servicios 2.0. Una estrategia curiosa cuanto menos, aunque si lo pensamos bien, lógica y rebosante de sentido común.
Y es que los medios tradicionales, y en concreto la televisión, todavía gozan de ciertos privilegios, de ciertas ventajas frente al ecosistema digital. Y es normal que aquellas empresas que por rigor estratégico así lo convengan y cuyas economías se lo puedan permitir, no duden en dar el paso de anunciarse en televisión. De darse a conocer al mundo desde la plataforma con mayor (todavía) repercusión global. Desde el altavoz más potente y con mayor alcance.
En su día ya incidimos en que unos de los principales beneficios que te puede aportar la publicidad en televisión son la confianza y la credibilidad. Mi teoría es que cuando vemos un spot en televisión, independientemente de la marca y de que nos interese o no lo que nos está anunciando, por el simple hecho de aparecer en el medio automáticamente nuestra mente otorga a esa empresa ciertos valores positivos (a no ser, claro, que experiencias personales previas con la empresa o marca en cuestión nos lleven por la dirección opuesta). Valores como liderazgo, calidad, garantía o seguridad y que en realidad se presuponen, porque no podemos probarlos. Se trata de un puro ejercicio de fe. Pero es que todavía no nos hemos acabado de quitar de encima el “embrujo” al que nos ha tenido sometidos la televisión desde su aparición.
¿Os acordáis cuando tampoco hace tanto el “Anunciado en TV” que aparecía impreso en muchos embalajes era sinónimo de calidad y prestigio? Pues de aquellos lodos, todavía nos llegan estos barros. Ese valor psicológico extra que proporciona la televisión todavía persiste, en parte, y es algo de lo que también pretenden aprovecharse las empresas que basan toda su estructura en internet. Sobre todo aquellas que se dedican a la venta online o que se sitúan al final del proceso de compra, y para las cuales la confianza de sus clientelas supone la pieza angular sobre la que edificar la sostenibilidad y rentabilidad del proyecto. Y es que como se suele decir, no basta con ser fiable, encima hay que parecerlo. Y tengo la impresión que cuando hablamos de internet esta máxima todavía adquiere más sentido.
Pero no es únicamente una cuestión de confianza. También existen otros motivos que refuerzan esa posición. Y uno de los principales es la audiencia de la que goza la televisión. A pesar de que este medio es mucho más caro y dispone de unas posibilidades de segmentación de tu público objetivo limitadas, una campaña publicitaria en televisión suele llegar a una gran cantidad de clientes potenciales. Y en ocasiones, esto puede llevar a ciertas empresas a sacrificar otras opciones a cambio de beneficiarse de ese potente amplificador que es la televisión. Aunque esto, obviamente, estará en función del sector de actividad, del grado de maduración de ese sector y de las estrategias de la competencia directa, entre otros factores.
De hecho, creo que puede ser una estrategia acertada para aquellas empresas que deciden abrirse paso en un sector de la actividad online en donde la competencia ya goza de un posicionamiento y notoriedad sólidos. En estos casos, una adecuada campaña publicitaria en televisión puede ayudar mucho a reducir la brecha con la competencia y a conseguir una notoriedad e imagen de marca potentes en un espacio de tiempo mucho más reducido. Ahora, evidentemente es necesario tener detrás un respaldo financiero importante. Y en los tiempos que corren, la empresa no es fácil.
Es más, podría producirse una situación curiosa. Imaginaros que compañías de cualquier actividad de negocio online empiezan a adoptar esta estrategia y se deciden a invertir en publicidad en los medios tradicionales. ¿Puede provocar esto un efecto dominó en el resto de la industria? ¿Arrastrará esto a las empresas competidoras a destinar también parte de su presupuesto de promoción a la televisión?
Seguro que a los empresarios televisivos ya se les hace la boca agua con tan solo hacerse a la idea de que esta moda “retro” se imponga en las mentes de los directivos del mundo empresarial online.
¿Estaremos a las puertas de una nueva vuelta a lo tradicional? Empezad a desempolvar los pantalones de campana y las camisas de lunares. Por si acaso.
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