Acabo de conocer a través de Bitelia un nuevo proyecto de red social denominado PeerBook. Se trata de un nuevo servicio social creado por Benjamin Birt, un joven estudiante escocés de Ciencias de la Computación en la Universidad de St. Andrews.
En primer lugar y como no podía ser de otra forma, al escuchar PeerBook es imposible que no te venga a la cabeza Facebook. Sucede como con los yogurts “bionosequé”, resulta imposible tomarte uno y no imaginarte a José Coronado de blanco ibicenco, con su bronceado perenne, y sentado en el sofá de su casa con unas etéreas cortinas de raso bailando al son de la brisa marina de fondo. No se puede.
Pero, ¿Qué aporta PeerBook como herramienta social aparte de un nombre con una referencia tan evidente a la mayor red social del mundo? Pues lo que aporta es precisamente aquello por lo que la comunidad online se ha levantado en armas contra Facebook durante estos últimos meses. Aporta garantía de privacidad.
También es cierto que no es el primer proyecto de red social que sitúa la intimidad de sus usuarios como su piedra filosofal. Como muy bien se indica en el artículo de Bitelia, otros como Diaspora ya le precedieron, pero su implantación todavía no ha dado los resultados prometidos.
En este sentido PeerBook ha dado un paso al frente, ya que cuenta con un proyecto sólido y debidamente testeado en la Universidad de St. Andrews.
¿Cuáles son las características principales de PeerBook y en qué se diferencia de Facebook?
- No hay control central de la información de los usuarios, lo que implica que la misma permanece personal y únicamente es compartida con las personas que el usuario desea. El servicio proporciona un control absoluto sobre el contenido que compartimos.
- Cuando la información personal es compartida con un amigo, los datos se trasmiten cifrados mediante complejos algoritmos estándar, por lo que sólo pueden ser leídos por usuarios de PeerBoook.
- Se trata de un servicio escalable masivamente sin problema alguno y posee la arquitectura de una red colaborativa.
- Casi con toda seguridad PeerBook será gratuito y libre.
Pues bien, estoy realmente intrigado por comprobar si cualquiera de estas nuevas redes sociales colaborativas, descentralizadas y de código abierto y libre que parece que están empezando a aparecer, consiguen hacerse un hueco en el mercado.
Lo cierto es que si realizáramos un estudio de mercado para detectar qué aspectos son los más valorados por los usuarios de redes sociales, indudablemente la privacidad ocuparía un lugar prominente en todos ellos. Es público y notorio que un alto porcentaje de los usuarios no se muestra cómodo con las políticas de privacidad de muchos servicios sociales, pero hasta ahora tampoco tenían muchas más opciones.
Pues bien, parece que dentro de poco sí tendremos esas opciones, una de las cuales podría ser PeerBook si el proyecto sigue adelante.
¿Optaremos por el cambio? Si atendemos a las conclusiones de todos esos estudios parece ser que hay muchas posibilidades de que efectivamente se produzca una migración importante de usuarios desde servicios como Facebook a estas nuevas redes sociales más “seguras”. Al menos, cualquier razonamiento lógico así lo indicaría ya que estás cubriendo una necesidad latente. Resulta obvio, ¿no?
Pero lo que ocurre es que como tantas otras veces hemos comentado, cuando hablamos de servicios sociales tenemos que medirnos por criterios sociales. Nunca individuales. Lo que popularmente se conoce como “el efecto grupo”.
Y ahí es precisamente donde me asaltan las dudas. Por mucho que yo sea un usuario muy sensible a la intimidad de mi información personal y mi deseo sea el de trasladar la conversación a un terreno más seguro (por ejemplo PeerBook), si mi círculo de contactos sigue empecinado en moverse por otros terrenos, aunque yo los considere terrenos pantanosos (por ejemplo Facebook), no voy a tener más remedio que resignarme y ceder. Aunque sea en contra de mi voluntad individual, la fuerza social prevalece.
Por eso siempre cada vez que oigo y leo quejas acerca de la privacidad de tal o cual servicio, siempre acabo cuestionándome hasta qué punto valoramos nuestra privacidad. Porque siempre he tenido la sensación de que uno de los mayores atractivos de los servicios como Facebook o Tuenti, es la posibilidad de cotillear vidas ajenas. De observar sin ser visto, valor incalculable en esta sociedad “voyeour” en la que vivimos.
¿Cuánta gente, realmente, está dispuesta a renunciar a esto? Mucha, sí, pero a lo mejor también mucha menos de la que os creéis…
¿Es la intimidad una oportunidad de negocio? ¿Es una oportunidad para estas redes sociales descentralizadas y libres?
Poneros en vuestro lugar (debería resultar fácil) y pensad qué haríais.
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